Territorio
y agriculturización en Argentina. Objetos, acciones y aconteceres
Gabriela
Inés Maldonado
Departamento de Geografía de la Universidad Nacional de Río Cuarto
/ Instituto de Estudios Sociales, Territoriales y
Educativos / Consejo
de Investigaciones Científicas y Técnicas
Resumen
Pensar la
agriculturización como hecho territorial implica analizar el proceso desde
variables que articulen los sistemas de objetos y acciones, las técnicas, las
normas, las relaciones, los aconteceres, entre otros. Estas variables deberán
ser puestas en diálogo y al servicio de lo que se pretende estudiar. Es
entonces este el objetivo del presente escrito y para abordarlo se analizarán
la evolución de las superficies cultivadas y la producción obtenida de maíz,
trigo y soja en distintas provincias argentinas; la evolución de la
exportación; el rol de la ciencia, la técnica y la información; y, la
articulación entre la red productiva y la estructura urbana.
Palabras
clave
Agriculturización, medio técnico-científico-informacional,
modelo de agronegocios.
Abstract
For to think the increase of agricultural activity as territorial fact,
it is necessary to involve variables that articulate the systems of objects and
actions, techniques, rules, relationships, events, among others. These
variables should be put into dialogue and at the service of what is intended to
study. This the aim of the paper and to cope with this it will be analyzed the
evolution of the cultivated surfaces and the obtained production of corn, wheat
and soya in different Argentine provinces; the evolution of the export; the
role of science, technology and information; and the articulation between the
productive network and the urban structure.
Key words
Agriculturization,
technical-scientific-informational medium; agrobusiness model.
Introducción
El principal objetivo de este escrito es
pensar el proceso de agriculturización como hecho profundamente territorial, es
decir, no sólo como un hecho que se explica a través del cambio de cobertura de
suelo o del cambio de uso del suelo. En esta instancia el énfasis no estará
centrado en definir o reconocer los actores sociales que llevan adelante estos
procesos, aunque en ocasiones se hará mención de ellos[1] (lo que no implica que las
transformaciones territoriales no se lleven adelante a través su accionar),
puesto que se propone aquí pensar las transformaciones agropecuarias argentinas
principalmente desde los sistemas de objetos y acciones que, como señala Santos
(2000), se conjugan solidaria, contradictoria e indisolublemente, desde las
diversas temporalidades que se expresan en éstos y desde los aconteceres
complementarios, homólogos y jerárquicos.
En este sentido se analiza la
agriculturización anclada en los procesos de modernización agrícola que se despliegan
actualmente a través del modelo de agronegocio. La expansión de la
modernización agrícola en Argentina, de la mano de un proceso de cambio
tecnológico iniciado en la década del ‘70 y potenciado ya como modelo de
agronegocio a partir de la década del ‘90, ha transformado con diversos grados
de magnitud tanto el espacio rural como el espacio urbano de un amplio sector del
país. En este sentido, la aceleración contemporánea del progreso técnico, que
otorga al territorio fluidez y densidad diferencial pero con tendencia a la
homogeneización, ayuda a comprender la agriculturización. El vínculo entre la
ciencia, la técnica, la información y las finanzas, expresado en parte a través
de su incorporación al espacio agrícola y urbano, serán elementos claves para
comprender la territorialización del modelo de agronegocio en Argentina. El
análisis que se pretende realizar, será atravesado continuamente por variables
como sistemas técnicos, circuitos espaciales de producción y cooperación y
división territorial del trabajo. Para esto se indagarán fundamentalmente
aspectos tales como superficies cultivadas en distintos momentos, sistemas de
producción, redes de insumos y acopios, comercio exterior, mercado de tierras,
entre otros.
Para lograr el objetivo propuesto, se
propone aquí el análisis de dos periodos temporales: el primer periodo
considera las campañas realizadas entre 1970/71 y 1989/90, con el fin de
contemplar la fase inicial de mayor incorporación tecnología agropecuaria; y el
segundo periodo comprende las campañas 1995/96 a 2016/17, periodo en el que, a
partir de la liberalización de uso de semillas transgénicas en el país en el
año 1996 (inicialmente de soja), se introduce en la actividad agropecuaria, de
forma no sólo más intensa sino también con mayor extensión territorial, el
denominado paquete tecnológico que asocia semillas, agroquímicos y tecnologías el
que, en conjunto con cambios organizacionales en la forma de producción,
potenciará el proceso de expansión territorial de la agricultura moderna. El
análisis estará centrado principalmente en lo que acontece en tres provincias
que involucran la región pampeana: Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe; y en tres
provincias ubicadas en distintas en regiones extrapampeanas, testigos de la
expansión de la frontera agropecuaria: Santiago del Estero, Chaco y La Pampa.
El escrito inicia con la discusión teórica
sobre lo que aquí se entiende por territorio, modernización agrícola y modelo
de agronegocios. Luego se presentan y analizan datos referidos a los tipos de cultivos
predominantes de la región pampeana, su expansión hacia otras regiones y el
cambio del peso relativo sobre lo que cada provincia aporta al total de la producción.
También se analizará el impacto de los denominados eventos biotecnológicos, la
asociación de éstos con otros sistemas técnicos, y se introducirán algunos
aspectos vinculados al mercado de tierras. A partir de allí, y previo a las
conclusiones, será necesario reflexionar en torno a la articulación entre las
redes urbanas y las redes productivas y la consecuente división territorial del
trabajo.
Territorio
y modernización agropecuaria
Milton Santos (1986, 1994, 1996, 2000) ha
desarrollado una nutrida discusión en torno a la categoría espacio geográfico, sinónimo
de territorio usado[2],
concibiéndolo como un híbrido, un conjunto indisoluble, solidario y
contradictorio de sistemas de objetos y sistemas de acciones definidos
históricamente (Santos, 2000). Es a partir de esta noción de espacio que
“podemos reconocer sus categorías analíticas internas. Entre ellas están el
paisaje, la configuración territorial, la división territorial del trabajo, el
espacio producido o productivo, las rugosidades y las formas-contenido”
(Santos, 2000, p. 19). El espacio, de este modo, es una instancia que contiene
a las demás instancias sociales, políticas, culturales, entre otras, y es a su
vez contenido de éstas (Santos, 1986). Atraviesa y define la conexión e
interrelación entre los objetos, sus funciones y las acciones desde y hacia
ellos. Es aquí donde radica la importancia de pensar los objetos y las acciones
como sistemas y no como colecciones, puesto que el significado tanto de unos
como de otras es dado por el contexto en el que se articulan, resignificándose
en el marco de las relaciones que, como sistema, poseen. “Esos objetos y esas
acciones están reunidos en una lógica que es, al mismo tiempo, la lógica de la
historia pasada (...) y la lógica de la actualidad (su funcionamiento y su
significación presentes)” (Santos, 2000, p. 66). Es una realidad constitucional
y relacional: cosas y relaciones juntas (Santos, 1996).
El periodo actual expone la importancia de
algunos factores esenciales para el incremento de la velocidad de rotación del
capital: ciencia, tecnología, información y finanzas, puestas al servicio de
las firmas globales, se constituyen en los elementos claves de la nueva
división territorial del trabajo (Santos, 2000) que crea una jerarquía entre
los lugares y redefine, a cada momento, la capacidad de acción de las personas,
de las firmas y de las instituciones (Santos y Silveira, 2005).
Los sistemas técnicos, entendidos como
objetos y formas de trabajar o como formas de ser y de hacer, se universalizan
e instalan en diversos lugares, previa elaboración de un marco normativo que lo
permita (Silveira, 2003). Estos sistemas se completan al depositarse en el
lugar, desarticulan los ya existentes e, intencionalmente, ignoran la
multiplicidad de actores y temporalidades que allí se expresan. Responden a modelos
de desarrollo que, en nombre del crecimiento productivo y económico,
introducen, multiplican y reproducen relaciones sociales desiguales. Así el uso del territorio (Santos y Silveira, 2005),
entramado constituido por sistemas de ingeniería, por la población y sus
movimientos, por la distribución de la agricultura, la industria y los
servicios, por estructuras normativas (legislación fiscal, civil y financiera)
y por el alcance y la extensión de la ciudadanía, permite analizar la división
territorial del trabajo, desde una perspectiva constitucional y relacional.
La actividad agropecuaria argentina ha
incorporado territorialmente a su proceso de organización, finanzas, técnica,
ciencia e información. La lógica financiera, articulada con la reorganización
de las formas de gestión de la producción, intra e inter unidad productiva, y
la expansión y consolidación del medio técnico-científico-informacional, explica
la actual fase de modernización agropecuaria y permite hablar de la instalación
y desarrollo de un modelo productivo de agronegocio. De esta manera, a partir
de ciertas reorganizaciones productivas y de la búsqueda de lugares
susceptibles para la expansión, consolidación e incorporación de este modelo,
la lógica de producción capitalista renueva su apuesta aplicándolo, lo que en
definitiva promueve la especialización productiva regional. Si bien el uso del
suelo agropecuario continúa dedicándose, como desde fines del siglo XIX, a la
elaboración de materias primas para la exportación, lo hace de la mano de una
renovada división territorial del trabajo de las empresas con lógica global
traccionadas por el capital financiero. Como
ha expresado Maldonado (2015, p. 15)
la razón
global impone un uso del territorio que, si bien se auto-presenta como
positivo, rompe u obstaculiza las solidaridades orgánicas, propias del
acontecer del lugar, para instalar solidaridades organizacionales (Santos,
2000), es decir, formas de producción verticalizadas y orientadas bajo las
normas de las grandes empresas de la industria agroalimentaria. El modo de
producción que se instala responde a intereses extraños al lugar –razón
global–; es decir, el uso del territorio en el lugar no se realiza para el
lugar. Así, las instituciones locales pierden todo poder de injerencia en
relación con lo que se produce, cómo se produce, para qué y para quiénes se produce.
Se pierde el vínculo productivo entre los actores locales y su territorio, y se
promueve un modelo sustentado en la renta por arrendamiento y en la
inmovilización de la mayoría de las fuerzas productivas regionales.
Santos (2000) denomina acontecimientos a
aquellos eventos que se convierten en extenso en un lugar, y acontecer
solidario a la interdependencia que hoy los caracteriza. Esa realización
compulsoria de tareas comunes, aunque el proyecto no lo sea, se presenta bajo
tres formas: acontecer homólogo -áreas de producción que se modernizan mediante
información especializada que genera contigüidades funcionales-; acontecer
complementario -relación campo-ciudad y relaciones interurbanas-; y, acontecer
jerárquico -racionalización de las actividades bajo una dirección y
organización-. Muchas veces presentan escala de origen y de impacto diferentes
(Santos, 2000). El ámbito agropecuario es el reino del acontecer homólogo
(Silveira, 1999), puesto que absorbe la llegada de sistemas
técnico-científico-informacionales complejos, que traen consigo un conjunto de
técnicas, información y normas para la producción (Silveira, 2000) -semillas
transgénicas, siembra directa, agroquímicos, geoposicionamiento satelital,
seguros agropecuarios multirriesgo, producción y venta de datos edafológicos y
meteorológicos, entre otros- que cambian las relaciones de poder entre los
actores y, por consiguiente, la forma en que el territorio es usado.
De esta manera, en la actividad agropecuaria la dialéctica entre
un orden global y un orden local se materializa a través de las exigencias de
los agentes empresariales, quienes desenvuelven su racionalidad mediante la
búsqueda de lugares susceptibles de ser incorporados a los circuitos espaciales
de producción de commodities, lo que
deriva en un uso corporativo del territorio (Santos y Silveria, 2005). Los autores consideran que la
acumulación de funciones directrices en ciertos lugares y su falta en la
mayoría del resto determinan áreas del mandar y áreas el hacer, o espacios que
comandan y espacios que obedecen. Advierten que sin duda el
ejercicio del poder regulatorio por parte de empresas y del poder público, no
es independiente de los sistemas de ingeniería y de los sistemas normativos
presentes en cada lugar, más éste en sí mismo no dispone de ninguna fuerza de
comando, por lo que se puede decir que si bien hay espacios que comandan y
espacios que obedecen, el comando y la obediencia resultan de un conjunto de
condiciones. Así, determinadas ciudades son sede de las casas matrices o
gerencias de las principales empresas vinculadas a la producción y
comercialización de agroinsumos, convirtiéndose éstas en plataformas para la
introducción y difusión de los objetos técnicos y de las acciones propias del
medio técnico-científico-informacional. De esta manera, mientras las áreas de
introducción del agronegocio se dispersan y amplían, los espacios de comando se
concentran no sólo en un puñado de empresas sino también, y tan importante como
lo anterior, en un puñado de ciudades. Para el éxito de esta dispersión y
concentración simultánea, los circuitos espaciales de cooperación se refuerzan,
ya que a través de éstos se canalizan los flujos de información y de
financiamiento -ambos siempre selectivos-, puesto que, tal como sostiene Castillo
(2007), el Estado renuncia parcialmente a su posición de comando de los
circuitos espaciales productivos, y esa tarea es asumida por las grandes
empresas del agronegocio.
Estado
de situación de agricultura en Argentina. Objetos, acciones, normas y acontecer
homólogo
Transformaciones en las
superficies cultivadas.
A partir de 1970 el sector agropecuario
argentino atravesó un proceso de reconversión tecnológica y de integración
agroindustrial que, entre otros aspectos, implicó el avance de la frontera
agrícola. Como resultado se evidenció un sustancial crecimiento de la
superficie cultivada, un aumento de los volúmenes cosechados por hectárea, el despliegue
de un nuevo salto tecnológico, la intensificación de la concentración del
capital agrario y una considerable reorganización del trabajo a escala social
que transformó las características y la productividad de la mano de obra (Villulla
y Hadida, 2012, p. 115). Gras (2012) sostiene que en la actualidad el agro
argentino es sustancialmente distinto al de décadas atrás. Para la autora el
crecimiento de la producción agrícola fue heterogéneo y afirma que
durante la década del ´80 aumentó la
producción de materias primas (re)orientadas a las exportaciones
(principalmente oleaginosas y cereales), mientras que se estancaron las
destinadas al mercado interno y al consumo de los sectores populares (yerba
mate, azúcar, entre otras). La puesta en marcha de un amplio programa de
desregulación en el inicio de los años noventa profundizó la orientación
exportadora del sector agropecuario y las tendencias a la agriculturización (p.
1).
Por su parte Barsky y Gelman (2001), señalan
que a partir de la década del ’70 las trasformaciones agrícolas estarán
dominadas por dos hechos centrales: la introducción de las semillas mejoradas
de trigo, maíz, sorgo granífero y girasol, y la difusión masiva de la soja.
Así, en las provincias de la región
pampeana, según datos de la Secretaría de Agroindustria de la Nación, la
superficie sembrada con trigo creció, a nivel provincial y en el periodo
1970-1990 (Tabla 1), un 15% en Buenos Aires, un 40% en Santa Fe y un 81% en
Córdoba (Figura 1). Lo anterior, sumado a las mejoras en las semillas, también
tiene su correlato en la producción de este cereal, creciendo un 106%, 62% y 185%
respectivamente. Lo contrario acontece con el cultivo de maíz, decayendo la
superficie cultivada en el periodo de referencia un 48% en Buenos Aires, un 78%
en Santa Fe y un 50% en Córdoba (Tabla 2). Sin embargo, aunque los valores de
producción para estas tres provincias son menores, su reducción en Buenos Aires
es sustancialmente menor a la disminución de la superficie sembrada, lo que se
explica especialmente por las mejoras introducidas en las semillas de maíz. Si
bien los datos de producción para la campaña 1989/90 indican una baja en Santa
Fe y Córdoba en porcentajes similares a lo que se observa en la superficie
sembrada, pareciendo no impactar allí el mejoramiento de las semillas
utilizadas, se debe señalar que para la campaña siguiente (1990/91) ante
superficies cultivadas similares a la campaña 1989/90, la producción alcanza
1.574.100tn en Córdoba y 1.089.000tn en Santa Fe, por lo que se puede deducir
que para la campaña 1989/90 son variables climáticas las que han impactado en
los resultados de productividad.
Figura
1
Provincias
argentinas del área de estudio
Fuente:
elaboración propia sobre la base de archivos vectoriales disponibles en la
página web del Instituto Geográfico
Nacional (IGN).
Es el cultivo de soja el que en este
periodo de tiempo comienza a crecer exponencialmente en su superficie
cultivada. Por ejemplo, en Córdoba en la campaña 1970-71 no se registra cultivo
de esta oleaginosa, las primeras hectáreas cultivadas corresponden a la campaña
1971-72 siendo sólo 800has, y alcanza luego, para la campaña 1989-90, las 1.410.000has.
Algo similar acontece en Buenos Aires, donde en la campaña 1970-71 se
destinaron 1.400has al cultivo de soja y hacia el final del periodo aquí
analizado éstas ascienden a 1.260.000. En Santa Fe los números son de 10.500has
para la primera campaña y 1.940.000has en la última (Tabla 3). Puesto que desde
1970 el crecimiento de la superficie sembrada con soja es exponencial, es muy
difícil reconocer aquella en la que se evidencie un salto cuantitativo
distintivo, pero se puede señalar que es en las primeras campañas de la década
del ‘80 cuando la totalidad de las provincias analizadas superan el millón de
hectáreas.
En otras provincias -o porciones de éstas-
ubicadas en regiones extrapampeanas, tales como Santiago del Estero -noroeste
argentino-, Chaco -noreste argentino- y La Pampa -centro-sur argentino- (Figura
1) el comportamiento de la superficie cultivada y la producción de estos
cultivos es similar pero con menor grado de magnitud, ya que el área destinada
a agricultura en estas provincias es reducida. De esta manera, en la Tabla 1 se
puede observar que la superficie cultivada con trigo en Santiago del Estero y
Chaco es poco considerable al inicio del periodo –lo que también se explica por
sus características climáticas- y se reduce sustancialmente en la campaña
1989/90, en un 81% y 73% respectivamente. No acontece lo mismo en La Pampa, en
la cual el incremento de la superficie destinada trigo en los periodos de
referencia alcanza un 113% y la producción obtenida se incrementa en un 914%.
En lo que refiere al cultivo de maíz, se evidencia
un decrecimiento o estancamiento de la superficie cultivada, pero esto no se
traduce necesariamente en una reducción de la producción obtenida (Tabla 2).
Por último, la introducción del cultivo de soja es incipiente en las tres
provincias extra pampeanas analizadas, puesto que Santiago del Estero y La
Pampa no registran superficie alguna destinada a su cultivo en la campaña
1970/71, y Chaco sólo posee 360has cultivadas. Hacia la finalización del
periodo su introducción es aún incipiente (Tabla 3).
Tabla
1
Superficie
cultivada con trigo y producción obtenida en las provincias de Buenos Aires,
Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Chaco y La Pampa (Argentina), en las
campañas 1970/71 y 1989/90
|
Superficie
cultivada con trigo |
Producción total
de trigo |
|
||||||
|
Provincias |
1970/71 (en ha) |
1989/90 (en ha) |
Diferencia 1970/71-1989/90
(en %) |
1970/71 (en tn) |
1989/90 (en tn) |
Diferencia 1970/71-1989/90
(en %) |
||
|
Buenos
Aires |
2.837.600 |
3.250.000 |
15 |
3.255.000 |
6.700.000 |
106 |
||
|
Santa
Fe |
586.000 |
822.000 |
40 |
882.000 |
1.430.000 |
62 |
||
|
Córdoba |
373.000 |
675.500 |
81 |
247.700 |
705.000 |
185 |
||
|
Santiago
del Estero |
43.100 |
8.000 |
-81 |
49.200 |
12.000 |
-76 |
||
|
Chaco |
49.300 |
13.400 |
-73 |
55.700 |
22.000 |
-61 |
||
|
La
Pampa |
261.300 |
557.000 |
113 |
86.000 |
872.000 |
914 |
||
Fuente: elaboración propia sobre la
base de datos de la Secretaría de Agroindustria de la Nación Argentina.
Consulta realizada el 10 de agosto de 2018.
Tabla
2
Superficie
cultivada con maíz y producción obtenida en las provincias de Buenos Aires,
Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Chaco y La Pampa (Argentina), en las
campañas 1970/71 y 1989/90
|
Superficie
cultivada con maíz |
Producción total
de maíz |
|||||
|
Provincias |
1970/71 (en ha) |
1989/90 (en ha) |
Diferencia 1970/71-1989/90
(en %) |
1970/71 (en tn) |
1989/90 (en tn) |
Diferencia 1970/71-1989/90
(en %) |
|
Buenos
Aires |
1.541.900 |
800.000 |
-48 |
3.769.500 |
3.430.000 |
-9 |
|
Santa
Fe |
1.090.000 |
201.000 |
-82 |
3.040.000 |
503.000 |
-83 |
|
Córdoba |
846.400 |
423.000 |
-50 |
1.568.000 |
532.300 |
-66 |
|
Santiago
del Estero |
101.950 |
30.000 |
-71 |
114.300 |
50.000 |
-56 |
|
Chaco |
46.900 |
30.400 |
-35 |
42.900 |
59.000 |
38 |
|
La
Pampa |
272.700 |
290.000 |
6 |
43.300 |
148.500 |
243 |
Fuente: elaboración
propia sobre la base de datos la Secretaría de Agroindustria de la Nación
Argentina. Consulta realizada el 10 de agosto de 2018.
Tabla
3
Superficie
cultivada con soja en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba,
Santiago del Estero, Chaco y La Pampa (Argentina), en las campañas 1970/71 y
1989/90
|
|
Superficie
cultivada con soja (ha) |
|
|
Provincias |
1970/71 (en ha) |
1989/90 (en ha) |
|
Buenos
Aires |
1.400 |
1.260.000 |
|
Santa
Fe |
10.500 |
1.940.000 |
|
Córdoba |
0 |
1.410.000 |
|
Santiago
del Estero |
0 |
70.000 |
|
Chaco |
360 |
68.000 |
|
La
Pampa |
0 |
42.000 |
Fuente: elaboración
propia sobre la base de datos la Secretaría de Agroindustria de la Nación
Argentina. Consulta realizada el 10 de agosto de 2018.
La acumulación de tales transformaciones
productivas que definen la modernización agropecuaria fue gestando un nuevo
modelo de producción: el modelo de
agronegocios. Gras y Hernández (2013) sostienen que el agronegocio puede
pensarse como una red que integra la producción primaria, la elaboración
industrial de alimentos, la prestación de servicios de gerenciamiento a otras
empresas menos desarrolladas, la formación de capacidades empresariales a
través de diversas capacitaciones, entre otras, por lo que hay que abandonar la
referencia material de la explotación para insertarse en la volatilidad del
capital.
La década de 1990
comienza en el país con la profundización del modelo económico neoliberal. En
este contexto, el Estado se centra en resguardar la llamada libertad de
mercado, estableciendo una serie de medidas políticas y económicas vinculadas a
la desregulación, descentralización y privatización, estableciendo bases
normativas que impactarán notablemente en la actividad agropecuaria que se
desarrolla en todo el país. Entre estas últimas, en el año 1996 se autoriza el
ingreso de semillas transgénicas. Hasta ese entonces, el uso de semillas
mejoradas e híbridas[3], había sido especialmente
impulsado por el Instituto de Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), a
partir de este momento serán las empresas transnacionales quienes se
convertirán en las principales promotoras de la introducción de eventos
biotecnológicos transgénicos, que además requieren para su producción la
asociación con otros insumos agroquímicos que las mismas empresas producen.
De esta manera, se
registran nuevos procesos expansivos de inversión de capital y de
profundización de los cambios tecnológicos nacidos en el periodo anterior. Retomando
los datos disponibles de la Secretaría de Agroindustria de la Nación, la
superficie cultivada con trigo aumentó en Argentina un 25% entre las campañas
1995/96 y el 2016/17, y la producción un 95%. En las provincias de referencia
de la región pampeana (Tabla 4) la superficie destinada a este cereal creció,
entre las campañas 1995/96 y el 2016/17, un 217% en Córdoba y un 24% en Santa
Fe, mientras que en Buenos Aires la superficie descendió un 25%; sin embargo
todos los valores de producción obtenida se incrementaron (598%, 103% y 19%
respectivamente). En lo referente al maíz, la totalidad de las provincias
analizadas de la región pampeana evidencian un crecimiento en la superficie
cultivada y producción obtenida, más notable en Córdoba (Tabla 5). Por último,
salvo en Santa Fe, tanto en Córdoba como en Buenos Aires se registra un
crecimiento del cultivo de soja en porcentajes superiores a los otros cultivos estudiados
(Tabla 6).
Sobre la base de los
datos presentados en las Tablas 4, 5 y 6, se puede afirmar que la frontera
agrícola comienza a desplazarse hacia el noreste, noroeste y sur de la región
pampeana. Entre las campañas 1995/96 y 2016/17, el cultivo de trigo incrementa
un 2735% en Santiago del Estero y un 403% en Chaco, sólo en La Pampa evidencia
un comportamiento negativo. Este crecimiento reviste la misma tendencia en la
producción obtenida. El comportamiento registrado por el cultivo de maíz es
similar, mientras que el de soja presenta incrementos superiores, siendo el más
significativo el presentado por La Pampa. De esta manera, mientras el total del
crecimiento de la superficie destinada al trigo, maíz y soja crece en el país
un 25%, 148% y 201% respectivamente, en las provincias analizadas de la región
pampeana crecen en promedio un 68%, 134% y 188% respectivamente; y en Santiago
del Estero, Chaco y La Pampa crecen en promedio un 1040%, 308% y 4120%
respectivamente. Los incrementos en los niveles de productividad también son
relativamente mayores en estas últimas tres provincias.
Tabla
4
Superficie
cultivada con trigo y producción obtenida en Argentina y en las provincias de Buenos
Aires, Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Chaco y La Pampa (Argentina), en
las campañas 1995/96 y 2016/17
|
Superficie
cultivada con trigo |
Producción total
de trigo |
|||||
|
Total País/Provincias |
1995/96 (en ha) |
2016/17 (en ha) |
Diferencia 1995/96-2016/17
(en %) |
1995/96 (en tn) |
2016/17 (en tn) |
Diferencia 1995/96-2016/17
(en %) |
|
Total
País |
5.087.800 |
6.364.015 |
25 |
9.445.015 |
18.395.106 |
95 |
|
Buenos
Aires |
3.145.200 |
1.989.714 |
-37 |
6.416.040 |
7.611.227 |
19 |
|
Santa
Fe |
761.100 |
943.900 |
24 |
1.435.100 |
2.911.327 |
103 |
|
Córdoba |
498.200 |
1.580.050 |
217 |
699.875 |
4.882.795 |
598 |
|
Santiago
del Estero |
11.600 |
328.900 |
2735 |
7.200 |
545.022 |
7470 |
|
Chaco |
23.000 |
115.800 |
403 |
25.000 |
109.282 |
337 |
|
La
Pampa |
467.600 |
381.900 |
-18 |
583.700 |
971.433 |
66 |
Fuente:
elaboración propia sobre la base de datos de la Secretaría de Agroindustria de
la Nación Argentina. Consulta realizada el 10 de agosto de 2018.
Tabla
5
Superficie
cultivada con maíz y producción obtenida en Argentina y en las provincias de Buenos
Aires, Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Chaco y La Pampa (Argentina), en
las campañas 1995/96 y 2016/17
|
Superficie
cultivada con maíz |
Producción total
de maíz |
|||||
|
Total País/ Provincias |
1995/96 (en ha) |
2016/17 (en ha) |
Diferencia 1995/96-2016/17
(en %) |
1995/96 (en tn) |
2016/17 (en tn) |
Diferencia 1995/96-2016/17
(en %) |
|
Total
País |
3.414.350 |
8.481.854 |
148 |
10.517.630 |
49.475.895 |
370 |
|
Buenos
Aires |
1.124.600 |
2.308.200 |
105 |
4.493.520 |
12.955.509 |
188 |
|
Santa
Fe |
442.800 |
890.800 |
101 |
2.293.100 |
5.802.581 |
153 |
|
Córdoba |
881.150 |
2.614.910 |
197 |
2.027.900 |
16.170.280 |
697 |
|
Santiago
del Estero |
81.500 |
684.500 |
740 |
223.430 |
4.483.905 |
1907 |
|
Chaco |
130.000 |
325.500 |
150 |
326.300 |
1.999.884 |
513 |
|
La
Pampa |
355.100 |
479.000 |
35 |
132.500 |
1.096.620 |
728 |
Fuente:
elaboración propia sobre la base de datos de la Secretaría de Agroindustria de
la Nación Argentina. Consulta realizada el 10 de agosto de 2018.
Tabla
6
Superficie
cultivada con soja y producción obtenida en Argentina y en las provincias de
Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Chaco y La Pampa
(Argentina), en las campañas 1995/96 y 2016/17
|
Superficie
cultivada con soja |
Producción total
de soja |
|||||
|
Total País/ Provincias |
1995/96 (en ha) |
2016/17 (en ha) |
Diferencia 1995/96-2016/17
(en %) |
1995/96 (en tn) |
2016/17 (en tn) |
Diferencia 1995/96-2016/17
(en %) |
|
Total País |
6.002.155 |
18.056.462 |
201 |
12.448.200 |
54.971.626 |
342 |
|
Buenos Aires |
1.308.055 |
5.980.061 |
357 |
2.377.800 |
17.383.411 |
631 |
|
Santa Fe |
2.441.300 |
2.957.363 |
21 |
5.705.900 |
9.762.280 |
71 |
|
Córdoba |
1.711.500 |
4.871.202 |
185 |
3.479.400 |
15.659.788 |
350 |
|
Santiago del Estero |
94.500 |
871.840 |
823 |
155.700 |
3.159.862 |
1929 |
|
Chaco |
70.500 |
501.068 |
611 |
103.600 |
1.414.659 |
1266 |
|
La Pampa |
4.500 |
496.000 |
10922 |
6.620 |
1.271.870 |
19113 |
Fuente:
elaboración propia sobre la base de datos de la Secretaría de Agroindustria de
la Nación Argentina. Consulta realizada el 10 de agosto de 2018
Los principales actores responsables de
este avance son, por un lado, los grandes productores de la región pampeana y
los denominados pools de siembra,
todos capitales en su mayor parte de origen nacional que avanzan a través de la
compra y/o arrendamiento de unidades productivas. Por otro lado, se deben
mencionar las empresas productoras y proveedoras de agroinsumos en general y
aquellas encargadas de adquirir y preparar tierras para ser puestas en el
mercado[4]. Por último, nunca se ha
de obviar el Estado en sus diversas escalas, puesto que a través de los marcos
normativos y sistemas de ingeniería construidos habilita este tipo uso del
territorio protagonizado por los actores mencionados. De esta manera la
existencia de importantes superficies susceptibles de ser incorporadas al
modelo de agronegocio, hizo de Santiago del Estero, Chaco y La Pampa -entre
otros lugares- el área ideal para cumplir con el objetivo de reducir costos de
producción a través de la ampliación de la escala de producción mediada por la
incorporación de tierras con menor valor de mercado. Un aspecto importante a
ser destacado es el hecho de que en las fronteras agrícolas modernas, en la
actual fase de financierización, la existencia de tierras a precios de mercado
bajos constituye una variable importante para el gran capital. Se trata de
áreas “disponibles” para ser incorporadas al agronegocio pero que no
constituyen espacios vacíos y que generalmente están ocupadas por otras
actividades, con otros contenidos socio-territoriales. Con todo, son tierras
potencialmente utilizables, no siendo las actividades económicas pre existentes
suficientemente fuertes para resistir a los nuevos intereses.
La evolución de la superficie y producción
de los distintos cultivos analizados, se plasma también en la modificación del
aporte global sobre el total de lo cultivado y efectivamente producido. De esta
manera, en la Figura 2 se puede observar el porcentaje de aporte por provincia sobre
el total de soja cultivado y producido en el país. Tal como lo evidencian los
datos trabajados en las Tablas presentadas, el aporte de soja en la campaña
1995/96 se encuentra mayormente concentrado en las provincias de la región
pampeana, específicamente en Córdoba y Santa Fe en primer término y en Buenos
Aires en segundo. Hacia la última campaña, 2016/17, si bien los mayores pesos
relativos para ambas variables continúan concentrados en la región pampeana,
claramente se observa un incremento del peso relativo de las provincias que se
encuentran ubicadas al norte y sur de ésta, evidenciando al menos desde esta
variable la expansión del proceso de agriculturización.
Figura 2
Porcentaje de superficie cultivada y producción obtenida de soja por
provincias sobre el total de la superficie cultivada y producida en todo el
país, en las campañas 1995/96 y 2016/17.
Fuente:
elaboración propia sobre la base de datos del Ministerio de Agricultura de la
Nación Argentina y de archivos vectoriales disponibles en la página web del IGN. Consulta realizada el 10 de
agosto de 2018.
No está de
más enfatizar en que el proceso de agriculturización, analizado hasta el
momento desde algunas variables constitucionales, responde también a factores
relacionales. Entre ellos, la emergencia de nuevos mercados demandantes de los
productos agrícolas y la convergencia de una triple crisis, alimentaria,
energética y financiera (Borras et al.,
2012), elevaron significativamente los precios de algunos commodities, especialmente de aquellos que tienen la potencialidad
de cumplir una doble función: destinarse a alimento o a energía. En este
sentido, en las Tablas 7, 8 y 9 se presentan la evolución en miles de dólares
de la exportación de maíz, trigo y soja. Las tres Tablas sintetizan el total de
la exportación, lo que incluye tanto granos como productos procesados derivados
de éstos tales como aceites, harinas, entre otros. En lo que refiere a la
exportación de maíz (Tabla 7), entre los años 2013 y 2017, se observa que, si
bien con ciertas variabilidades internas, el total de la exportación expresada
en dólares a decrecido en el periodo analizado. Es importante advertir que esta
reducción no implica necesariamente que haya disminuido la cantidad de
toneladas exportadas en igual porcentaje, puesto que mientras entre los años
2013 y 2014 el total exportado en dólares se reduce un 40%, la cotización media
de maíz en la Bolsa de Chicago para el año 2014 es un 27% menor que la del año
2013; de igual manera, mientras que entre los años 2014 y 2015 el total
exportado se redujo en un 10.5%, la cotización cayó un 9%, y mientras los años
siguientes el monto total exportado fue aumentando, las cotizaciones en la
Bolsa de Chicago continuaron descendiendo[5]. Más
allá del monto total exportado en dólares, se observa claramente que en la
totalidad del periodo del que se dispone información (2013-2017), más del 85%
del destino de la exportación de maíz corresponde a “Otros países”, siendo aquí
el principal destinatario el mercado chino. Se debe señalar también que el 99%
de lo exportado corresponde a granos de maíz sin procesamiento alguno.
Un
comportamiento distinto puede observarse para el caso del trigo (Tabla 8),
puesto que si bien entre los años 2013 y 2014 el monto total exportado en
dólares se reduce, a partir del año siguiente comienza a aumentar
sostenidamente. Mayor es el porcentaje si se considera que en la misma ventana
temporal (2013/2017) la cotización cayó un 37%. A diferencia de lo observado
con el maíz, el principal destinatario de la producción de trigo es el
Mercosur, en un primer término, y Otras zonas en segundo lugar. Por último,
resta considerar que más del 70% de las exportaciones realizadas corresponden a
granos sin procesamiento alguno, el porcentaje restante corresponde a harinas
de trigo, pellets, pastas y productos de panadería, pastelería y galletería.
Finalmente,
en la Tabla 9 pueden observarse los datos referidos a las exportaciones de
soja, para el periodo 2013-2016. Allí se evidencia que el comportamiento ha
sido más estable, con una leve tendencia a la reducción sobre el final del
periodo. Al igual que en los casos anteriores, esta disminución no expresa una
reducción en el total de la producción exportada puesto que entre 2013 y 2016
la cotización de la oleaginosa cayó un 28%. Nuevamente, el principal destinatario
de la producción corresponde a países incluidos en la categoría “Otras zonas”,
específicamente China, siendo la Unión Europea el segundo destino más
importante. Por último, el comportamiento en cuanto a lo exportado también
difiere de los otros dos cultivos, puesto que alrededor del 75% corresponde a
aceites, harinas y pellets.
Tabla 7
Total de maíz
exportado (granos y procesado) entre los años 2013 y 2017, en miles de dólares
y porcentajes, por regiones
|
|
2013 |
2014 |
2015 |
2016 |
2017 |
|||||
|
Maíz |
Miles de U$S |
% |
Miles de U$S |
% |
Miles de U$S |
% |
Miles de U$S |
% |
Miles de U$S |
% |
|
Total Exportado |
5.912.098 |
100 |
3.587.481 |
100 |
3.215.075 |
100 |
4.243.504 |
100 |
3.934.799 |
100 |
|
Mercosur |
317.433 |
5 |
286.691 |
8 |
207.025 |
6 |
335.257 |
8 |
110.330 |
3 |
|
NAFTA |
369.583 |
6 |
145.592 |
4 |
58.982 |
2 |
72.131 |
2 |
82.559 |
2 |
|
Unión Europea |
101.851 |
2 |
94.045 |
3 |
87.758 |
3 |
80.675 |
2 |
63.908 |
2 |
|
Otras zonas |
5.123.231 |
87 |
3.061.153 |
85 |
2.861.310 |
89 |
3.755.441 |
88 |
3.678.003 |
93 |
Fuente:
elaboración propia sobre la base de datos del Instituto Nacional de
Estadísticas y Censos (INDEC) (www.indec.gov.ar). Consulta
realizada el 21 de agosto de 2018.
Tabla
8
Total
de trigo exportado (granos y procesado) entre los años 2013 y 2017, en miles de
dólares y porcentajes, por regiones
|
|
2013 |
2014 |
2015 |
2016 |
2017 |
|||||
|
Trigo |
Miles de U$S |
% |
Miles de U$S |
% |
Miles de U$S |
% |
Miles de U$S |
% |
Miles de U$S |
% |
|
Total Exportado |
1.022.941 |
100 |
954.129 |
100 |
1.328.493 |
100 |
2.182.421 |
100 |
2.700.815 |
100 |
|
Mercosur |
802.319 |
78 |
800.038 |
84 |
1.043.284 |
79 |
952.573 |
44 |
1.133.544 |
42 |
|
NAFTA |
9.066 |
1 |
12.731 |
1 |
16.567 |
1 |
29.050 |
1 |
18.392 |
1 |
|
Unión Europea |
1.904 |
0 |
2.322 |
0 |
25.581 |
2 |
31.805 |
1 |
6.605 |
0 |
|
Otras zonas |
209.652 |
20 |
139.038 |
15 |
243.061 |
18 |
1.168.993 |
54 |
1.542.273 |
57 |
Fuente:
elaboración propia sobre la base de datos del INDEC (www.indec.gov.ar). Consulta
realizada el 21 de agosto de 2018.
Tabla
9
Total
de soja exportada (granos y procesado) entre los años 2013 y 2016, en miles de
dólares y porcentajes, por regiones
|
|
2013 |
2014 |
2015 |
2016 |
||||||
|
Soja |
Miles de U$S |
% |
Miles de U$S |
% |
Miles de U$S |
% |
Miles de U$S |
% |
|
|
|
Total Exportado |
18.840.167 |
100 |
19.081.674 |
100 |
17.758.633 |
100 |
17.309.727 |
100 |
|
|
|
Mercosur |
449.273 |
3 |
575.344 |
3 |
410.482 |
3 |
379.849 |
2 |
|
|
|
NAFTA |
22.558 |
0 |
74.192 |
0 |
32.472 |
0 |
41.792 |
0 |
|
|
|
Unión Europea |
3.538.922 |
24 |
3.666.742 |
24 |
3.363.852 |
25 |
3.168.837 |
22 |
|
|
|
Otras zonas |
14.829.415 |
74 |
14.765.396 |
73 |
13.951.827 |
73 |
13.719.249 |
75 |
|
|
Fuente:
elaboración propia sobre la base de datos del INDEC (www.indec.gov.ar). Consulta realizada
el 21 de agosto de 2018.
Si bien se
ha hecho una breve mención de los principales actores involucrados, de los
mejoramientos de semillas y otros sistemas técnicos y de la existencia de
tierras susceptibles de ser incorporadas al modelo de agronegocios –lo que, se
insistirá, no implica que sean tierras que no se encuentren destinadas a otras
actividades, de allí la emergencias de campos de conflictividad social
complejos e invisibilizados- será necesario detenerse un instante en el
análisis de la producción de semillas genéticamente modificadas y los insumos
agropecuarios asociados.
Sobre
las semillas y los insumos.
El
despliegue e introducción de las variables técnicas, científicas e
informacionales fue posible gracias a la expansión de normas y estándares de
producción, determinados por las firmas globales y apoyados en desarrollos
científicos y técnicos. Los avances biotecnológicos alcanzados por las empresas
-que muchas veces han involucrado la captación de conocimiento de comunidades
agrarias locales- son apropiados mediante un proceso de generación de patentes,
para lo cual es necesaria la construcción del marco normativo nacional que
habilite la introducción de los objetos técnicos creados y el reconocimiento
del derecho internacional que promueve la protección de la propiedad
intelectual de tales innovaciones. Santos (2000) sostiene que los
sistemas técnicos actuales están formados por objetos dotados de
una especialización extrema. Esto es especialmente válido para los objetos que participan
de los sistemas hegemónicos, es decir, aquellos sistemas que son creados para
responder a las necesidades de realización de las acciones hegemónicas dentro
de una sociedad (p. 185).
Un buen
ejemplo lo constituye la variedad de semillas modificadas que se fabrican para
adaptarse a los distintos ambientes. Así, por ejemplo, en el año 2013 se
relevaba que
Nidera ofrece 22 variedades de semillas de soja, 13 de semillas de
maíz, 11 de semillas de girasol, 5 de semilla de sorgo y 12 de semillas de
trigo. Syngenta ofrece una variedad de 13 semillas de soja, 12 de maíz, 13 de
girasol y 5 de sorgo. Cada tipo de semilla posee características de adaptación
distintas, para el caso de Nidera: la semillas de soja NS8282 poseen adaptación
a fechas intermedias y tardías; las NS 4611 poseen amplia adaptación a la
región Central y excelente perfil sanitario; las semillas NS 7211 alta
respuesta a mayor tecnología (Maldonado, 2013, p. 7).
Uno de los
casos más emblemáticos de los últimos años lo representa una variedad de
semilla de soja denominada Intacta RR2 Pro, producida por Monsanto y
multiplicada por más de 10 semilleras instaladas en Argentina. En agosto de
2012 se aprueba su uso en el país y comienza a aplicarse en el noroeste
argentino en el año 2013. Luego, a partir de la campaña 2014/2015, se
introducen las modificaciones necesarias para su utilización en la región
pampeana. El nuevo evento biotecnológico transgénico otorga a la semilla de
soja, además de la resistencia al glifosato, la resistencia a una serie de
lepidópteros que se constituyen en plagas para la producción agrícola
(Urretabizkaya et al., 2010).
A pesar del
aparente beneficio de su uso derivado de la simplificación de las tareas de
cultivo, al reducir el uso agroquímicos para controlar los lepidópteros, y de
los importantes niveles de productividad evidenciados en los ensayos de
producción, la introducción de la semilla al mercado argentino generó una serie
de controversias vinculadas al cobro de regalías por parte de la empresa, puesto
que éste se implementó a través de retenciones que realizan terceros actores y
además porque el pago del canon por el uso del evento biotecnológico no se
determina a partir de la semilla inicialmente comercializada sino de la
productividad final obtenida. De esta manera, el control sobre el recurso suelo
se realiza a través del dominio técnico de una variedad de semilla en
particular que grava no ya -lo que denominan- la propiedad intelectual al
momento de la venta de la semilla, sino de la producción final que de ésta se
obtiene. Para lograr el éxito de esta estrategia, los circuitos de cooperación
deben ser fortalecidos, puesto que al gravar la producción y no la venta de
semillas, la empresa Monsanto debe delegar el control a otras empresas, en este
caso las acopiadoras de granos. Así la generación de un evento biotecnológico y
el acuerdo de gobiernos y empresas permiten incrementar el control indirecto
sobre la tierra y, por supuesto, la apropiación de la renta que ésta genere.
Con los
productos agroquímicos sucede lo mismo. Se crean productos adaptados a suelos,
malezas, plagas y condiciones particulares. A su vez existe un ajuste directo
entre las semillas modificadas y los productos agroquímicos ofrecidos. El
ejemplo más tradicional lo constituye la semilla de soja RR, Resistente a Roundup (glifosato), herbicida no
selectivo. Pero no es el único caso, Monsanto ofrece entre sus marcas de
agroquímicos el herbicida Guardian,
desarrollado para maximizar rendimientos de cultivos de maíz; el herbicida Harness, selectivo para soja, girasol y
maní; el herbicida Latitude,
desarrollado para aplicaciones en pos-emergencia de soja, algodón, papa,
poroto, entre otros.
Se mencionó
anteriormente que a partir de la autorización del ingreso de semillas transgénicas
serán las empresas transnacionales las principales promotoras de la
introducción de los nuevos eventos biotecnológicos. Lo aquí señalado no implica
que el Estado, a través de sus diversas instituciones, se comporte como un
actor pasivo. Sistemas de objetos y sistemas de acciones se conjugan junto a un
marco normativo que habilita el desarrollo de ciertas actividades y la
inserción de ciertos objetos. Desde 1982 Argentina lleva adelante diversas
actividades o crea distintas instituciones vinculadas al fortalecimiento de los
desarrollos biotecnológicos, entre ellos se pueden mencionar: la creación del
Programa Nacional de Biotecnología (1982), la conformación del Foro Argentino
de Biotecnología (1986), la creación del Centro Argentino Brasileño de
Biotecnología y del Instituto de Tecnología Biológica del Litoral (1987), la creación
de la Comisión Nacional de Biotecnología Agropecuaria –Conabia- (1991) y de la Dirección
de Biotecnología (2008), entre otros. Es más
podríamos pensar que ha sido la construcción de
estos espacios comunes la que fue cimentando las bases para la conformación de
un andamiaje regulatorio donde las instancias científicas (asociadas
exitosamente al proceso de mercantilización del espacio científico nacional
argentino iniciado en los 80) fueron grandes dinamizadoras (Poth, 2013, p. 292).
Conabia,
integrada por representantes del sector público y privado, es la institución
que desde su origen se encarga de regular las actividades relacionadas con los organismos
genéticamente modificados. Según información disponible en la página web de la Secretaría de Agroindustria de
la Nación[6],
entre 1996 y la actualidad se ha autorizado la introducción de 51 eventos
biotecnológicos -cada uno puede incluir más de una variedad de semilla- que
involucran maíz, soja, alfalfa, algodón, papa y cártamo. El pedido de
autorización de dichos eventos biotecnológicos aprobados ha sido realizado por
las siguientes empresas: Nidera S.A., Ciba-Geigy S.A., AgroEvo S.A., Monsanto
Argentina S.A.I.C., Novartis Agrosem S.A., Dow AgroSciences, Pioneer Argentina,
Syngenta Seeds S.A., Bayer S.A, BASF Argentina S.A., INDEAR S.A. y Tecnoplant
S.A.
Por otro
lado, diversas instituciones tales como la Asociación Argentina de Consorcios
Regionales de Experimentación Agrícola –AACREA-, la Asociación Argentina de
Productores en Siembra Directa –APRESID-, la Sociedad Rural Argentina, la Asociación
de Cooperativas Argentinas –ACA-, e incluso medios periodísticos especializados
en temas agropecuarios -tales como Clarín Rural o La Nación Campo- entre otros,
promueven el uso de los paquetes tecnológicos asociados a la agricultura y las
formas de organización productivas vinculadas al modelo de agronegocio.
Los objetos
técnicos, como sistemas, han ingresado y se han expandido con tanta celeridad
que Argentina, entre los años 2015 y 2017, es el tercer país del mundo que más
utiliza semillas transgénicas para la siembra. Sobre la base de noticias
periodísticas brindadas por suplementos agropecuarios[7], entre
2015 y 2017 se ubicó en tercer lugar luego de Estados Unidos y Brasil, con más
de 23 millones de hectáreas cultivadas con semillas genéticamente modificadas,
lo que representa el 14% del total de superficie cultivada con estas semillas
en el mundo.
Red
productiva y estructura urbana. Circuitos espaciales de cooperación, acontecer complementario
y jerárquico
La
expansión y densificación territorial del modelo del agronegocio fortalece los
vínculos entre la red urbana y la producción agropecuaria y expresa claramente
las características del acontecer complementario y jerárquico, puesto que las
demandas de la agricultura moderna se vuelven cada vez más urbanas. Los vínculos que se materializan en el
ámbito rural constituyen una parte de la división territorial del trabajo que
responde a una racionalidad que tiene origen, inicialmente, en las casas
matrices de las empresas transnacionales ubicadas en países centrales, y luego,
en sus filiales ubicadas en las grandes metrópolis de los países periféricos. Las
filiales de las empresas transnacionales y nacionales de proyección global
vinculadas a la producción agropecuaria, se constituyen en un segmento del
circuito superior de la economía urbana. Acompañadas por una parte del sector
científico, tecnológico y académico y por las empresas de consultoría,
generalizan una forma de producción sustentada en la adopción de paquetes
tecnológicos.
Es en las ciudades donde se asientan las
filiales de las empresas que comandan la forma de producción agropecuaria y que
establecen una red densa de contenidos informacionales, a través de los cuales
se transmiten las pautas de producción. Estas empresas articulan la producción
agropecuaria de forma vertical -integración de sistemas productivos desde la
generación de la materia prima hasta la constitución de mercados futuros- y
horizontal -expansión territorial a través de sucursales, plantas de
producción, unidades de asesoramiento, entre otros- sustentadas en los sistemas
de ingeniería y marcos normativos existentes en el territorio. La creciente
integración de actividades que generan insumos y productos agropecuarios con el
ámbito urbano, termina fortaleciendo selectivamente el circuito espacial de
producción agropecuaria, por lo que el uso corporativo del territorio en el
ámbito rural es gobernado por la capacidad de control que deriva de este
circuito. A su vez, el espacio urbano se constituye en la matriz que recibe y
articula las variables determinantes del periodo.
El capital financiero, que pasa a ocupar
un lugar preponderante entre los factores de producción, juega un cuádruple rol,
puesto que:
a) ofrece
financiamiento como estrategia de introducción y avance de la nueva lógica de
producción, ya sea a través de las mismas empresas proveedoras de servicios e
insumos o a través del sistema bancario;
b) genera
y ofrece un sistema de seguros agropecuarios con diversas coberturas que
minimizan las potenciales pérdidas económicas ante la manifestación de algún
evento que afecte negativamente la producción;
c) crea y promueve nuevas figuras asociativas (pools de siembra, fondos de inversión,
fideicomisos) para la producción agropecuaria que adquieren especial relevancia
en el sector;
d) por
último, interviene en los espacios de comercialización de los productos
obtenidos a través de mecanismos tales como la construcción de mercados a
futuro.
De esta manera, se volverá a insistir en
que la expansión del modelo de agronegocio no será posible sin la conjugación
de una serie de elementos y factores, tales como: componentes técnicos,
vinculados a los paquetes de insumos adaptados a distintos ambientes y
maquinaria agrícola de alta complejidad; la instalación de sistemas de
ingeniería a fin de recolectar y transportar la producción; el establecimiento
de una red de proveedores de agroinsumos; la existencia de tierras aún no
incorporadas al modelo de agronegocio y susceptibles de serlo; y, excedentes de
capital financiero. Lo anterior, refuerza (o genera) la economía urbana
orientada a la provisión de servicios agrícolas, puesto que tal como señala
Elias (2003), cuanto más moderna es la actividad agropecuaria, más urbana se
presenta su regulación.
Entonces, para llegar a los lugares donde
el agronegocio es viable, las empresas vinculadas a éste establecen una red de
sucursales, casas comerciales, concesionarias, centros de asesoramiento, que se
apoya en la estructura urbana preexistente sin necesariamente ser consecuente
con su jerarquía, pero reforzando la complementariedad urbano-rural. Esta red
acompaña la división territorial del trabajo y permite visualizar, al menos desde esta variable, los circuitos espaciales de
producción y de cooperación. También permite reconocer aquellos espacios
urbanos que se constituyen en
ciudades de agronegocio o que refuerzan esta condición. Así, por ejemplo,
ciudades como Rosario, Rufino, Venado Tuerto y San Justo, en la provincia de
Santa Fe; Bahía Blanca, Necochea-Quequén, Pergamino, Tandil, Mar del Plata,
Trenque Lauquen, Balcarce, Tres Arroyos y Azul en la provincia de Buenos Aires;
Río Cuarto, Marcos Juárez, Córdoba y Villa María, en la provincia de Córdoba;
Charata y Presidente Roque Sáenz Peña en la provincia de Chaco; Bandera en la
provincia de Santiago del Estero; Concepción del Uruguay en la provincia de
Entre Ríos, y, Las Lajitas en la provincia de Salta (Figura 3), son las veinte
ciudades
argentinas con
mayor presencia de sucursales de empresas líderes en agronegocios vinculadas
a la producción y comercialización de agroinsumos y al acopio y
comercialización de granos -se excluyen las empresas del rubro metalmecánico-.
En todas ellas se asientan Nidera, Basf-Monsanto, Asociación de Cooperativas Argentinas
(ACA), Dupont-Dow Chemical, Bayer Cropscience, Compañía Argentina de Granos,
Aceitera General Deheza, Louis Dreyfus y/o Syngenta, empresas o entidades que
se constituyen en las nueve que poseen la mayor dispersión territorial de sus unidades de negocios en Argentina.
Figura 3.
Red de unidades comerciales de oficinas de proveedoras
de insumos agropecuarios y acopiadoras de las principales empresas argentinas o
extranjeras radicadas en Argentina (se excluyen el rubro metalmecánico y Gran
Buenos Aires).
Aclaración:
En la Figura B no se han incorporado las ciudades con menos de cuatro unidades
comerciales. Fuente: elaboración propia sobre la base de relevamiento realizado
en el año 2016 y de archivos vectoriales disponibles en la página web del IGN.
Como se señaló, la instalación e
intensificación del modelo de agronegocio
fortalece los vínculos entre la red urbana y la
red productiva agropecuaria. Así se observa que localidades de menos de 10.000
habitantes tienen la misma cantidad de sucursales de empresas líderes de
agronegocios que ciudades intermedias y ciudades capitales de áreas
históricamente agropecuarias. Incluso estas pequeñas localidades son sede de gerencias de
empresas que participan crecientemente en la regulación de la producción
agropecuaria regional y hasta latinoamericana.
La dependencia de la producción agrícola
de recursos financieros, científicos, tecnológicos e informacionales ha
reestructurado tanto las relaciones entre el campo y la ciudad como los flujos
establecidos dentro de sus respectivas redes urbanas (Santos, 1994; Elias y
Pequeno, 2007). En tanto que las ciudades locales y los centros regionales se
tornan esenciales para la realización de la agricultura moderna, las que
ofrecerán una serie de servicios a la actividad productiva (como asistencia
técnica, financiera, contable, venta de insumos químicos, biológicos,
maquinaria, además de involucrar a la mayor parte de los trabajadores y
productores agrícolas), las metrópolis nacionales se tornarán los centros de
regulación de la producción en general. De esa forma, se establece un
movimiento de articulación entre las fuerzas centrífugas y centrípetas (Santos
y Silveira, 2005), esto es, una relación directa entre la creciente dispersión
territorial de las actividades modernas y la mayor centralización del comando
productivo en pocos centros político-económicos.
Conclusiones
Se ha iniciado este escrito señalando como premisa el
desafío y la necesidad de pensar el proceso de agriculturización como un hecho
territorial. En este sentido, y sobre la base de las perspectivas teóricas
vinculadas al concepto territorio que orientan las investigaciones realizadas, se
ha realizado lo siguiente:
-
Se
ha analizado la expansión de cultivos otrora concentrados en la región pampeana
hacia otras regiones, evidenciando un cambio en los pesos relativos de aporte a
la producción total de soja a escala provincial.
-
Se
ha señalado que esta expansión ha sido viable producto de la introducción -acompañada
de los marcos normativos correspondientes- de semillas mejoradas, híbridas y
finalmente genéticamente modificadas, articuladas con paquetes tecnológicos.
-
También
se ha señalado que las dimensiones constitucionales del territorio son
acompañadas por dimensiones relacionales que no sólo incluyen los circuitos
espaciales de producción y cooperación, sino también las demandas globales de
la producción agrícola de aquellos granos convertidos en commodities.
-
Por
último, se ha reflexionado en torno a la red de comercialización y acopios de
las principales empresas vinculadas al modelo de agronegocio que, como es de
suponer, promueve y por lo tanto acompaña la expansión territorial de éste,
sobre la base de una estructura urbana que se articula a la red productiva y
oficia de plataforma para la introducción de las transformaciones en el espacio
rural. Esta economía
suele funcionar como una especie de economía de enclave especialmente en las ciudades que se encuentran fuera
de la región pampeana,
es decir, que si
bien se instalan en estas localidades numerosas sucursales de empresas
transnacionales y nacionales vinculadas a los agronegocios y transforman en
gran parte la economía urbana en ellas, salvo en pocos casos, no producen
mayores transformaciones en la morfología de las ciudades y no atraen otro tipo
de actividades subsidiarias a ésta, como sí ha sucedido en las ciudades
ubicadas en el seno de la región pampeana, convirtiéndose sin lugar a dudas en
áreas que obedecen o áreas del hacer.
No se
pretende señalar que sólo las variables que aquí se analizan alcanzan para
abordar la complejidad de la agriculturización como hecho territorial, puesto
que, por ejemplo y por mencionar sólo algunas variables, no se ha analizado sustancialmente
el rol del capital financiero -estudios como los de Frederico y Gras (2017),
Fairbain (2014), Fernández (2010), Maldonado (2016) entre otros, dan cuenta de
la presencia creciente de éste en todas las etapas del proceso productivo-;
tampoco se ha enfatizado en las resistencias sociales de diverso tipo que desde
el inicio han actuado en regiones extrapampeanas y más recientemente en la
región pampeana -lo que permitiría dar cuenta de las tensiones y
contradicciones del uso del territorio y la expresión de verticalidades y
horizontalidades simultáneas-.
Se considera
que lo aquí trabajado ayuda a comprender que los sistemas de objetos y acciones
constitutivos del territorio, o en otras palabras, que técnicas, ciencia,
información, finanzas, marcos normativos y sistemas de ingeniería, se articulan
de forma colaborativa en torno a un modelo de producción que, a través de esta
articulación, refuerza los circuitos de cooperación de forma vertical y de
forma horizontal para garantizar el dominio sobre la producción de las tierras,
es decir, para determinar qué, dónde, cómo, cuándo, para qué y con quiénes se
produce.
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Presentado: noviembre 2018 Aprobado:
mayo 2019
[1] En trabajos anteriores se ha trabajo específicamente
en reconocer, definir y caracterizar los actores sociales de la actividad
agropecuaria del sur cordobés. Al respecto se pueden consultar los trabajos de
Bustamante y Maldonado (2009, 2018).
[2] Si bien en su obra Milton Santos en numerosas
ocasiones señala que usa el concepto espacio geográfico como sinónimo de
territorio usado, en este trabajo enfatizaremos en el uso del segundo, con el
fin de subrayar las instancias de apropiación social del mismo.
[3] El mejoramiento de semillas es un proceso de
selección cultural, que tiene origen en el inicio mismo de la actividad
agrícola, con el fin de cultivar semillas de aquellas plantas y especies que
poseen mejor productividad y adaptación. La hibridación es producto de una
combinación no natural de dos plantas diferentes pero relacionadas. Se
considera que es un proceso que implica baja tecnología, y como resultado el
producto deseado sólo se obtiene en el primer cultivo, puesto que las semillas
que puedan surgir de esas plantas darán resultados diversos no siempre
deseados. Las semillas transgénicas son semillas genéticamente modificadas en
laboratorios con la implementación de mayores niveles de tecnología. Los genes
que allí se combinan e introducen pueden provenir de plantas de otras especies
e incluso de animales, constituyéndose en verdaderos productos biotecnológicos.
[4] Bernardes y Maldonado (2017) han señalado que
el valor de la hectárea de tierra para la compra en el núcleo de la región
pampeana argentina -las localidades de referencia son Pergamino, Colón y Rojas-
alcanzan los 15.000 dólares. En cambio, en los alrededores de Charata y
Presidente Roque Sáenz Peña, en Chaco, el valor de la hectárea en “Monte con
suelo agrícola con permiso de desmonte” tiene un precio que ronda los 650-850
dólares y los “campos limpios” alcanzan los 3000 dólares. En cuanto a los
alrededores de la localidad de Bandera, en Santiago del Estero, en una pequeña
superficie que circunda a dicha localidad, señalan que el valor de la hectárea
alcanza hasta 3200 dólares, por ser “campos desarrollados”; en otro sector
ubicado al norte, los campos son directamente clasificados como “agrícolas” y
pueden alcanzar un precio de hasta 4000 dólares la hectárea, pero
inmediatamente al este de esta franja, los valores cambian significativamente
puesto que aquí se valoran “campos con monte con aptitud agrícola” entre 300 y
600 dólares y “campos desarrollados” entre 1200 y 2000 dólares la hectárea.
[5] La consulta de la Cotizaciones históricas se
realizó en la página web de la Bolsa
de Cereales de Rosario (http://www.bolsadecereales.com/historico) el 01 de
septiembre de 2018.
[6] Página web
consultada el 02/09/2018. https://www.agroindustria.gob.ar/sitio/areas/biotecnologia/ogm/
[7] Diario Clarín. Suplemento Clarín Rural,
13/05/2016. “Biotecnología. Argentina está tercera en el mundo en el uso de
cultivos transgénicos” https://www.clarin.com/rural/argentina-tercera-mundo-cultivos-transgenicos_0_VJS5ayJzW.html; Diario La Voz del Interior, Suplemento
AgroVoz, 26/06/2018. “Argentina, el tercer país que más siembra transgénicos:
destacan los beneficios de su uso”. Recuperado de http://agrovoz.lavoz.com.ar/agricultura/argentina-el-tercer-pais-que-mas-siembra-transgenicos-destacan-los-beneficios-de-su-uso.