CANDOMBE BLANCO:

el Partido Socialista y las representaciones étnicas y regionales

de los trabajadores durante el peronismo (1945-1955)

Candombre blanco:

the Socialist Party and the ethnic and regional representations

of the workers during the Peronism (1945-1955)

JUAN PABLO ARTINIAN

Universidad Torcuato Di Tella (UTDT)

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)

Instituto Interdisciplinario de Estudios e Investigación de América Latina

Universidad de Bueno Aires (UBA)

Resumen

En este artículo se explorarán las formas de representación sobre los trabajadores por parte del Partido Socialista analizando también la dimensión étnica y regional de las mismas durante el período 1945-1955. Así se rastrearán, tanto el repertorio de ilustraciones que remiten a una iconografía de principios de siglo XX, a través del arquetipo de la figura masculina y de rasgos europeos, hasta las críticas de los que se consideraban como trabajadores “alienados.” También se analizarán formas complejas e híbridas en la gráfica sobre los “rostros” de los trabajadores que remitían a un complejo universo regional. Un interrogante que atravesará el artículo referirá a como se articularon esas representaciones con elementos de clase, género, y cuestiones étnico-regionales en la Argentina del “crisol de razas.” En este trabajo quiero alejarme de narrativas que simplifican las representaciones del PS sobre los trabajadores. Por el contrario, sostendré que el PS elaboró representaciones que coexistieron de forma contradictoria. Estas representaciones complejas que contenían en tensión la homogenización del “color” de la clase obrera, remitían a un fenómeno más profundo: la crisis de la relación entre el PS y los trabajadores y las oscilaciones entre condena, idealización e interpelación de los obreros durante el peronismo.

Palabras clave: Socialistas, regional, étnico, representaciones, trabajadores

Summary

This article will explore the forms of representation on workers by the Socialist Party also analyzing the ethnic and regional dimension during the period 1945-1955. This article will trace both the repertoire of illustrations that refer to an iconography of the early 20th century, through the archetype of the male figure with European features, to the criticism of those who were considered as "alienated" workers. Also this work will explore the complex and hybrid forms in the graphic on the "faces" of the workers that referred to a complex regional universe. A question that will cross the article will refer to how these representations were related with elements of class, gender, and ethnic-regional issues in the Argentine of the "melting pot." In this work I want to distance myself from narratives that simplify SP’s representations on workers. On the contrary, I will argue that the SP elaborated representations that coexisted in a contradictory way. These complex representations, which contained in tension the homogenization of the "color" of the working class, referred to a deeper phenomenon: the crisis of the relation between the SP and the workers and the oscillations between condemnation, idealization and interpellation of the workers during the Peronism.

Keywords: Socialists, regional, ethnic, representations, worke

Recibido: 05/10/2017

Aceptado: 25/03/2018

CANDOMBE BLANCO: el Partido Socialista y las representaciones étnicas y regionales de los trabajadores durante el peronismo (1945-1955)

JUAN PABLO ARTINIAN *

(UTDT/CONICET/UBA)

A modo de introduccón

“Las otras noches hemos tenido en Buenos Aires visiones de candombe. Sólo el color estaba ausente. Esos personajes que acaso no hayan sido mejor pintados que en el ‘Matadero’ de Echeverría, habían tomado las calles bajo segura protección oficial. Y no faltó el vítor amenazante y la injuria soez, la pared pintada con textos de torpeza, la agresión –faltó la brea pero estuvo presente la cachiporra (SIC)- al transeúnte. Ese candombe blanco tenía de clase obrera argentina en 1945, lo que en 1845 tenía de pueblo porteño el candombe negro. Es decir nada.” [1] Con estas palabras el periódico socialista La Vanguardia describía las jornadas del 17 de octubre y a aquellos que participaron en la misma. Esta peculiar descripción -saturada de paradojas- donde la “ausente” clase obrera argentina esta enmascarada en los ecos musicales del pasado vuelve a poner en contacto regiones imaginadas del país con Buenos Aires. Esta cita nos permite comenzar a horadar un tabú que ha atravesado parte de las imágenes retrospectivas sobre el partido socialista durante el peronismo. Un tabú referido a como ese partido visualizó a los obreros, a sus orígenes regionales y al color de sus rostros y cuerpos.

En este artículo se explorarán las formas de representación sobre los trabajadores por parte del Partido Socialista analizando también las relaciones entre la dimensión étnica y regional de las mismas durante el período 1945-1955. Así se rastrearán, tanto el repertorio de ilustraciones que remiten a una iconografía de principios de siglo XX, a través del arquetipo de la figura masculina y de rasgos europeos, hasta las críticas de los que se consideraban como trabajadores “alienados.” Al mismo tiempo se analizarán formas complejas e híbridas en la gráfica sobre los “rostros” de los trabajadores que remitían a un complejo universo regional. Un interrogante que atravesará el artículo referirá a cómo se articularon esas representaciones con elementos de clase, género, y cuestiones étnicas y regionales en la Argentina del “crisol de razas.” En este trabajo quiero alejarme de narrativas y explicaciones que tienden a simplificar las representaciones del PS sobre los trabajadores argentinos. Esas visiones – muchas veces provenientes del sentido común- han sedimentado tanto la memoria histórica como las interpretaciones historiográficas sobre los socialistas. Esa narrativa caracterizaría al PS y a su manera de ver a los trabajadores como una suerte de visión única y estática plagada sólo de formas de prejuicios y estigmatizaciones racistas a lo largo de todo el periodo 1945-1955. Si bien una parte de esos prejuicios estuvo presente, esa no fue la única forma de simbolizar a los obreros. Por el contrario, en este artículo sostendré que el partido elaboró una serie de representaciones que muchas veces coexistieron de forma contradictoria. En ese sentido, si bien hubo una caracterización de las masas peronistas para las jornadas del 17 de Octubre de 1945, que remitían a una formación cultural no-blanca y asociada a algunas regiones del país, existieron también matices al binomio “obreros blancos” contra “migrantes del interior obscuros” en los grabados reproducidos en las ediciones socialistas posteriores. La segunda hipótesis que se desprende ello es que esta representación compleja -que contenía en tensión la homogenización del “color” de la clase obrera- remitía a un fenómeno más profundo: la crisis de la relación entre el PS y los trabajadores y las oscilaciones entre condena, idealización e interpelación de los obreros durante el peronismo. Los trabajadores habían pasado a mediados de siglo XX de los márgenes de la Nación –tanto en la esfera política, como en el mundo de las representaciones- hasta su centro mismo. Las formas de representar las relaciones entre la dimensión étnica y el universo regional en ese proceso se volvería un campo de disputa político-cultural. Uno de los más antiguos partidos del país ahora se encontraba ante el desafío de interpelar a esos obreros en un contexto complejo e intenso donde el peronismo elaboraría -desde el propio estado- un vasto reportorio de imágenes y símbolos sobre los trabajadores.

En este artículo analizaremos las publicaciones del Partido Socialista , La Vanguardia y Nuevas Bases tanto en lo que refiere a sus artículos como también en la producción visual de caricaturas y en la reproducción de grabados. Sobre el uso de fuentes visuales como evidencia histórica seguimos al historiador Peter Burke cuando afirma que “las imágenes como las fuentes escritas y los testimonios orales son formas importantes de evidencia histórica.” (Burke, 2001; Baxandall,1988). En términos de la problemática sobre producción visual el libro de Lynn Hunt (1984) fue pionero en el análisis de las formas de representación y su incidencia en el mundo de la política para el caso de la Revolución Francesa. Además posteriores trabajos han indagado sobre otros fenómenos históricos. Podemos mencionar así libro de Victoria Bonnell (1997) que exploró el uso de los afiches políticos a partir de la revolución de Octubre hasta el estalinismo. Así, en los últimos años las contribuciones en estudios culturales y visuales también han aumentado su presencia para la historia de América Latina y la de Argentina en particular.

Acercamientos historiográficos

Desde hace más de una década han proliferado nuevos aportes académicos que analizan las relaciones entre formas de representaciones y el universo de símbolos políticos en el período peronista. Algunos de esos trabajos son los de Marcela Gené (2005) sobre los afiches peronistas, el estudio de Clara Kriger (2009) sobre el cine durante el justicialismo y la compilación de Mattew Karush y Oscar Chamosa (2010) sobre diversas aéreas del mundo de la cultura y sus relaciones con la política. Ahora bien, los estudios sobre la producción cultural tanto del Partido Comunista, como del Socialista han comenzado a tener un nuevo acercamiento por parte de la historiografía. Algunas de estas investigaciones son las de Hernán Camarero (2007) sobre el Partido Comunista y los de Carlos Herrera (2016) sobre el Partido Socialista [2] Sin embargo, los trabajos dedicados a analizar el universo visual creado por estos partidos en los años del peronismo clásico no es muy numeroso y menos aún aquellos que se focalizaron en la problemática étnica y regional. [3] Así, debe mencionarse que la ponencia de Valeria, Martínez Del Sel (2009), sólo analiza las caricaturas de Tristán dejando de lado no sólo grabados y otras representaciones, sino también la obra de otros artistas. Por último, la dimensión étnica tampoco está presente en el análisis de Martínez del Sel. En ese sentido, el trabajo de Claudio Panella y Marcelo Fonticelli (2007), -dedicado a la prensa gráfica comunista y socialista- explora algunas caricaturas socialistas y comunistas, sin hacer un detallado análisis del discurso visual de esos partidos referidos a las formas de articulación entre las nociones étnicas, regionales y de clase. Además la periodización de la investigación de Panella y Fonticelli (2007) se cierra en el período cuando comienzan los mayores intentos de hegemonía cultural por parte del peronismo y que analizamos en este artículo. De esta forma, podemos plantear los siguientes interrogantes: ¿Cuáles fueron las imágenes que elaboró la cultura política de los socialistas sobre los obreros tanto en su dimensión regional como en su carácter étnico? ¿Cómo se interpelaba a una base política, conformada por los trabajadores, muchas veces compitiendo con el mismo peronismo?

Además de las antinomias políticas, una forma de representación del país como el “crisol de razas” comenzaba a entrar en tensión con imágenes y voces alternativas. [4] Tanto en los estereotipos como los del “cabecita negra” como en la idea de un país de clase media (“blanco”) y europeo, distintas imágenes políticas se confrontaron para definir las formas de representación de lo “argentino.” En ese sentido, las imágenes étnicas asociadas a distintas regiones del interior del país estuvieron presentes en este período: estereotipos y representaciones distorsionadas emergían en zonas de contacto entre lo regional y lo local. Sin embargo, la problemática de la “racialización” en la cultura popular y visual ha sido invisibilizada tanto por la producción historiográfica como por la percepción general. Los estudios sobre el peronismo se han focalizado en el papel y experiencia de los trabajadores, los sindicatos, las formas de resistencia cultural y los rituales políticos (Plotkin, 2007; James, 1990).

Sin embargo, las formas de representación “racializadas” han sido una suerte de cuestión “maldita” dentro de la historiografía. Esta problemática tuvo dentro del ámbito académico norteamericano una fuerte difusión para sus estudios sobre América Latina -en particular México y Perú- entre otros países. Para el caso mexicano nociones como “mestizaje” fueron utilizadas para analizar la producción del movimiento muralista revolucionario y en el caso de Perú el discurso “indigenista” para principios del siglo XX (Coffey, 2012; Poole, 2000). En el ámbito de la producción académica argentina las formas de “racialización” y representación de antinomias políticas y culturales han quedado al margen de muchos estudios históricos. Ahora bien, nuevos aportes desde la antropología, como los de Claudia Briones (2008) nos permiten acercarnos a esta problemática a través del análisis tanto de las alteridades de la Nación como de las jerarquías y relaciones de poder de estas configuraciones. También desde una perspectiva antropológica los trabajos de Laura Segato (2007) dan cuenta de formas de antagonismos políticos que tomaron imágenes y mitos a través de estereotipos populares que incluyen algunos elementos “racializados”. Recientemente los estudios de Ezequiel Adamovsky (2012) dan cuenta de la articulación de un discurso político sobre la clase media que muchas veces tomó una autoidentificación con la idea de un país “blanco” descendiente de europeos. El mismo autor analiza también la emergencia de un discurso donde lo “negro” se articula miméticamente con la noción de “pobreza.” Ahora bien, en un trabajo reciente Alejandro Grimson muestra como la composición regional y étnica de los trabajadores durante el 17 de Octubre fue mucho más compleja que aquella que tendió a homogeneizar a los obreros racializandolos a través de la noción estigmatizadora de “cabecitas negras.” La idea de una totalidad de trabajadores de regiones del interior del país producto de las migraciones es una suerte de esencialización que además de estar presente en los prejuicios de las elites políticas no estuvo ajena de posteriores estudios sociológicos. [5]

El Partido Socialista y sus imágenes contra el peronismo

En la ciudad de Buenos Aires se creó en Abril de 1894 el órgano de difusión socialista La Vanguardia. Dos años después se estableció el Partido Socialista donde confluyeron varias agrupaciones y círculos socialistas de fines de siglo XIX. [6] Esta fuerza política buscaba transformarse en el primer partido moderno de Argentina. De esta forma, los estatutos del programa incluían avanzados proyectos en materia de derecho laboral y en 1904 el joven abogado Alfredo Palacios se convirtió en el primer diputado socialista de América. El partido tenía fuertes influencias teóricas del positivismo y se caracterizaba por su visión evolucionista de la política sosteniendo posturas reformistas y gradualistas. En la década del veinte los socialistas participaron en distintas elecciones parlamentarias. Después del período de la denominada Concordancia en la década del treinta, el Partido Socialista participó en los distintos intentos de crear un Frente Popular vernáculo confluyendo finalmente en la alianza opositara a las fuerzas de Perón en la denominada Unión Democrática en 1946.

Los resultados de los comicios del 24 de febrero de 1946, que certificaron el triunfo de Perón, fueron especialmente desfavorables y políticamente devastadores para el Partido Socialista. Para entonces, los socialistas habían apostado fuertemente por los candidatos a la presidencia de la coalición antigubernamental de partidos de la Unión Democrática. Sin embargo, los votos a los socialistas no fueron suficientes, ni siquiera en la Capital Federal - escenario donde desde comienzos del siglo XX había sido una de las fuerzas políticas con significativa inserción y peso electoral - para obtener una banca en la Cámara de Diputados. Tampoco había logrado algún tipo de representación en las provincias y menos, por el carácter de la convocatoria, en el ámbito municipal.

Sin embargo, la ausencia de los socialistas en el Parlamento no implicó una retirada del partido de la lucha política. El PS expresó su crítica a través de formas y canales de diferente rango y carácter con respecto a aquellos partidos de la oposición -como la Unión Cívica Radical- que tenían al Parlamento como principal y más conveniente foro de debate para la competencia político-partidista. Los socialistas fueron virulentos opositores al gobierno peronista; apoyaron el intento fallido de golpe militar de 1951 y colaboraron en su derrocamiento de 1955. La opinión crítica lo convirtió en el más acérrimo y feroz partido opositor a Perón. Es más, la lectura que los dirigentes hicieron del peronismo fue determinante para la configuración conceptual de una tradición antiperonista que se consolidó tras la caída de Perón en 1955.

Ahora bien, la emergencia del peronismo en la vida política nacional había afectado profundamente a los líderes y seguidores socialistas. Perón había conseguido movilizar políticamente a la clase trabajadora como nunca antes en la Argentina - siendo éste uno de principales objetivos del partido desde su fundación en 1895- e implementar las históricas reivindicaciones del programa socialista: salarios más altos, reglamentación de la jornada de trabajo, mejoras en las condiciones de vida y laborales, voto femenino y la participación de los obreros en actividades culturales hasta entonces reservadas a otros sectores de la sociedad.

Al mismo tiempo desde su ascenso al poder el peronismo generó un despliegue de imágenes, símbolos y rituales políticos donde las figuras de Perón y Evita tuvieron un lugar preponderante. Sin embargo, en esos años el Partido Socialista elaboró formas de producción cultural que no solamente criticaron al justicialismo sino que buscaron interpelar a los trabajadores a través de órganos partidarios como La Vanguardia -y luego de su clausura en 1947- a través de Nuevas Bases. Las críticas que el Partido Socialista realizó contra el peronismo a través de su publicación tuvieron varios ejes. En primer lugar, se construyó una caracterización del justicialismo como una forma local de totalitarismo análoga a los regímenes fascistas europeos (Herrera, 2005, pp. 343-366). Además, esta identificación era acompañada por la idea que el peronismo también recreaba las formas autoritarias de Juan Manuel de Rosas. Otro tópico de relevancia dentro de las representaciones socialistas era su visión estilizada sobre los trabajadores y lo que ellos consideraban como una relación conflictiva de estos bajo el peronismo. Por último, las críticas más fuertes se condesaban contra las figuras de Perón y Eva. Era allí donde todo el repertorio de la sátira y las formas más extremas de caracterización representaban al líder del justicialismo a través de un lenguaje visual saturado de imágenes referidas a la Europa dominada por el Eje (Artinian, 2015).

Visiones de los trabajadores bajo el peronismo: clase obrera, dimensión étnica y regional

Además de las sátiras contra las figuras de Perón y Evita -creadas por el caricaturista Tristán- uno de los principales ejes de las formas de representación de los socialistas fueron los trabajadores. [7] En ese sentido se estructuró dentro de la iconografía del partido una doble forma de graficar al mundo obrero. En primer lugar, existió una dura crítica sobre aquello que el PS consideraba una política represiva y de “engaño” contra los trabajadores bajo la comunidad organizada. Al mismo tiempo, los socialistas “imaginaban” una particular representación sobre cómo debía ser la clase obrera argentina. Dentro de esa forma de representación existió una particular dimensión vinculada con el carácter étnico y la proveniencia regional –muchas veces imaginada también- de los trabajadores del país. En el contexto general de las tensiones abiertas por el fenómeno peronista el prejuicio contra los sectores no-blancos estuvo presente en los clivajes que muchas veces se daban entre nociones de clase y raza. [8] Conceptos como “cabecita negra” o “grasa” circularon por amplios sectores de la sociedad argentina de la época entrando en tensión con la noción del “crisol de razas.” [9] Esas masas de “cabecitas negras” o los “grasas” constituían el tan temido “aluvión zoológico.” [10] De esta manera, la dimensión propia de lo regional circulaba de forma racializada a través de esos estereotipos. Así, esas percepciones estuvieron presentes no sólo en los sectores de clases altas sino que también llegaron incluso hasta a algunos sectores del propio Partido Socialista. Es interesante reproducir una entrevista a Enrique Dickmann donde se explicaba el origen del nombre de la publicación socialista y como subyacía en la noción de La Vanguardia la problemática de lo étnico en el proceso de modernización de Argentina y su expansión territorial de fines de siglo XIX: “Me contaba el doctor Justo que él había pasado su más tierna infancia en la frontera de los indios, entre Tapalqué y las Flores, en un fortín llamado ‘La Vanguardia’, que era una avanzada de la civilización opuesta a la barbarie; y como la empresa periodística que se iba a comenzar se empezaba también en la frontera política de los indios, llamó a nuestro diario La Vanguardia, como símbolo de un fortín de civilización.” [11] Ahora bien, en la gráfica socialista las maneras de representar a los trabajadores tuvieron complejas y contradictorias estéticas que fueron desde las primeras estigmatizaciones de los seguidores peronistas como seres irracionales, o lúmpenes, diferentes de los verdaderos obreros “blancos” y descendientes de europeos, hasta formas más complejas con matices propios de la hibridación y el mestizaje en los años cincuenta. [12]

Antecedentes de una representación: el 17 de octubre de 1945

Sobre el fenómeno de las jornadas de movilización de 1945 y su interpretación por parte del Partido Socialista, los historiadores Hernán Camarero y Carlos Herrera (2005, p. 33) afirman: “Su análisis del 17 de octubre, como el de la mayor parte de la izquierda, resulta sumamente reductor: no ve más que masas lúmpenes y obreros desclasados, manipulados por un líder demagógico y fascistoide. Los mates vacíos dibujados por Tristán, el ilustrador de La Vanguardia, concretizarán gráficamente este ‘concepto’ de su director, A. Ghioldi, para referirse a los seguidores del coronel.”. Así, los socialistas expresaron una fuerte condena de tipo moral ante la movilización de los trabajadores negando que ellos eran los participes de la misma. Una interpretación que también muestra la caracterización socialista sobre la génesis del peronismo se encuentra en un artículo, ya clásico, donde el historiador británico Daniel James (1987) analiza las jornadas del 17 y 18 de Octubre de 1945 en la Plata. James (1987, p. 455) cita un pasaje de La Vanguardia donde se caracteriza a los sectores que participaron en esas jornadas en los siguientes términos: “una horda, de una mascarada, de una balumba, que a veces degeneraba en una murga. (…)¿Qué obrero argentino actúa en una manifestación en demanda de sus derechos como lo haría en un desfile de carnaval?.” Así, el historiador británico señala que los socialistas caracterizaban a aquellos que se movilizaban como elementos marginales o lúmpenes. En ese sentido, puede afirmarse que la dimensión étnico-regional (en términos de estereotipos donde además de lúmpenes del mundo urbano también se encontrarían migrantes internos de zonas rurales), subyace en la retórica socialista de esta visión estilizada y condenatoria sobre la movilización política. Esa visión remite a un universo cultural que se asocia con el desorden, lo primitivo y no-blanco europeo a través de términos como “horda”, “murga” o “malumba” que antes que de una región precisa hablaría de un espacio regional imaginado. [13] En un texto ya clásico Félix Luna (2012, pp. 320-321) –cercano a los sectores del radicalismo- brinda una interesante descripción de esas jornadas donde también priman los sentimientos de extrañeza y sorpresa ante esas masas de “color tierra” venidas desde fuera de la ciudad:

Bueno, ahí estaban. Como si hubieran querido mostrar todo su poder, para que nadie dudara que realmente existían. Allí estaban, por toda la ciudad, pululando en grupos que parecían el mismo grupo multiplicado por centenares. (…) Todo, hasta entonces, era coherente y lógico; todo apoyaba nuestras propias creencias. Pero ese día, cuando empezaron a estallar las voces y a desfilar las columnas de rostros anónimos color tierra, sentimos vacilar algo que hasta entonces había sido inconmovible. Y nos preguntamos, apenas por un instante, si no tendrían razón ellos, los extraños, los que pasaban y pasaban y seguían pasando, sin siquiera mirarnos, coreando sus estribillos y sus cantos, lanzando como una explosión el rotundo nombre de aquel hombre.

Esta primera imagen condenatoria ante las masas que se movilizaron durante el 17 de Octubre es la que más fuerte se asentó tanto en la memoria como en gran parte de la historiografía. Hay varias manifestaciones de ello tanto en los clásicos relatos de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares como “La fiesta del Monstruo” o los cuentos de Julio Cortázar en su primer volumen Bestiario. Si bien “Casa Tomada” es el más citado otros relatos como “Las puertas del cielo” muestran esa extrañeza casi lombrosiana ante los rostros de los migrantes internos en la ciudad de Buenos Aires. [14]

Sin embargo, una vez que el peronismo se consolidó en el poder a partir de 1946 una serie de cambios sutiles comenzaron a operar en las formas de representación socialistas sobre los trabajadores. Si bien continuaron algunos efectos residuales de imágenes condenatorias, al mismo tiempo coexistieron con estos elementos previos formas contradictorias de representar el “color” y las procedencias regionales de los trabajadores argentinos. Nuevas zonas de contacto entre mundos regionales diferentes y su relación con un espacio urbano particular –el entramado urbano de Buenos Aires y sus alrededores- crearía zonas de síntesis e hibridez que el partido buscaría representar en su intento de interpelar a los trabajadores.

El Peronismo en el poder y sus formas de representación: un contexto

Desde su ascenso al poder hasta su caída en 1955 el gobierno de Perón promovió cambios en la esfera política, social, económica, y cultural en el país. Así, el gobierno nacionalizó servicios públicos, fomentó la industria y tomó medidas tendientes a redistribuir la renta nacional promoviendo el consumo de los trabajadores. Además, a partir de la reforma de la Constitución del año 1949 el propio estado fomentó la doctrina justicialista en todo el país. Esto proceso de expansión de la doctrina hacia el campo de la cultura y de la política profundizó la antinomia entre peronistas y anti-peronistas.

El período de los años cincuenta resultó ser el momento más espectacular del gobierno peronista en sus intentos de dominar los medios de comunicación de masas (los casos más extremos fueron la expropiación del diario opositor La Prensa en 1951). Sin embargo, además de esas medidas el peronismo elaboró todo un universo de significados, valores y símbolos por parte del Estado. Hacia comienzos de esa década plasmaron varios elementos políticos e ideológicos que permiten pensar en una posible consolidación de la hegemonía cultural del justicialismo. De esta forma, la producción de cultura por parte del peronismo -en particular a través de las representaciones visuales- tuvo un papel fundamental tanto en la estructuración de una narrativa histórica como también en la demarcación del campo político y social. La “estetización del poder” creada por el justicialismo, comenzó una nueva forma de desplegar y realizar la política en Argentina. En un período anterior a la llamada “sociedad del espectáculo” el peronismo creó una nueva cultura visual para el país, en donde la representación del líder, “el pueblo” y los enemigos demarcaron fronteras bien claras en torno a las antinomias políticas que atravesaban a Argentina. Los elementos visuales jugaron un papel importante en el intento de crear un claro mapa de los clivajes políticos que se enfrentaban dentro de la nación.

Arquetipos regionales y étnicos: entre el rosismo y el gaucho

En ese contexto los socialistas caracterizaron en diferentes artículos a la argentina peronista como un fenómeno autoritario donde prevalecía en el ámbito de la cultura un nacionalismo hispanista y clerical opuesto al ideario cosmopolita y liberal. Un ejemplo de ello se encuentra en el artículo “Cultura, la Enseñanza y el Periodismo bajo Rosas” donde se utiliza el recurso de criticar a Perón y sus medidas en el ámbito cultural comparándolo con la figura de Rosas. Así, los socialistas señalaban los “paralelismos” de los dos momentos históricos en términos de autoritarismo e influencia clerical tanto en la cultura como en la educación. El texto estaba acompañado por dos ilustraciones: una referida a la ejecución de Camila O’ Gorman y la otra aludía a un hombre muerto donde podía leerse el título “un “salvage” menos”. (sic). De esta forma, los socialistas realizaron una suerte de progresión temporal del rosismo -como sinónimo de barbarie e incultura- que volvía en una nueva encarnación a través del peronismo. La dimensión cultural en el análisis del fenómeno era enfatizada en la condena a la “barbarie” a través del recurso de mostrar un cartel con errores de ortografía. [15] La noción de un espacio cultural bárbaro e inculto –asociado al triunfo de la Argentina rural- sobre la culta Buenas Aires encarnada en el fusilamiento de O’Gorman- podría llevar a una visión esquemática de la elaboración de ese mundo regional asociada con lo rural por parte del partido socialista.

Sin embargo, ese estilo de ilustración donde se equipara peronismo con rosismo no fue la única utilizada por parte de los socialistas para denunciar a la comunidad organizada. Así, en una caricatura de La Vanguardia sobre el presupuesto para el año 1950 se representó a los líderes del justicialismo a través del tradicional estilo del caricaturista Tristán con una imagen de Evita como una reina y de Perón con los laureles de un Cesar romano y con un palo. Ahora bien, aquello que llama la atención en la ilustración es la figura aplastada por la gran bolsa del presupuesto: un gaucho. Ese arquetipo encarna en su cuerpo tanto el universo propio de lo regional (y rural) como así también una figura universal de lo nacional. En ese sentido, seguimos a Omar Acha (2009, p. 37) cuando señala la coexistencia de dos concepciones dentro del partido socialista en torno a la cuestión de la Nación, una cosmopolita representada en las líneas de Juan B. Justo y Nicolás Repetto y otra más cercana a la figura de Palacios donde el internacionalismo no era necesariamente excluyente de una idea de lo nacional. Es quizás en esa genealogía donde puede verse esa figura arquetípica de lo popular a través del gaucho. De esta manera, un arquetipo que podría ser fácilmente leído como ajeno al reportorio socialista está presente para encarnar la figura del pueblo y al mismo tiempo del universo regional articulado con la Nación. [16] La coexistencia de este tipo de visión también se puede ver en una caricatura en la portada de Nuevas Bases de Julio de 1951 para contrastar la diferencia entre Democracia y Dictadura. Así, en la imagen superior -que hace referencia a la democracia- se ve a un gaucho (que tiene escrito en su cinturón la palabra “pueblo”) que sentado y con su frente en alto, está montado a un burro (que tiene la leyenda “Estado”). En la descripción en torno al concepto de “dictadura” los papeles se invierten y es el gaucho el que debe llevar al burro. Así un arquetipo que hace referencia al universo regional y rural encarna tanto el simbolismo del pueblo, como el ideario de resistencia ante la arbitrariedad del Estado.

Imágenes de los trabajadores: entre las visiones étnicas y la construcción de género

Además de las ilustraciones que denunciaban al peronismo como totalitarismo y una nueva encarnación del rosismo, los socialistas representaron a los trabajadores que seguían a Perón como autómatas que habían perdido sus facultades críticas y se encontraban sometidos al líder del justicialismo. La caricatura de La Vanguardia titulada “Ilusión y Realidad” de Diciembre 1947, es un clásico ejemplo de la estética de Tristán donde encontramos, en primer lugar, la crítica a las figuras de Perón y Evita como líderes “totalitarios” subidos a un carruaje con ruedas formadas por esvásticas. Así, en la parte inferior de la ilustración se remite no sólo a la idea de los líderes “totalitarios”, sino también al sometimiento de los trabajadores que arrastran el carro. En ese sentido, los obreros han perdido su humanidad y se convirtieron en autómatas. Ahora bien, en la representación superior de la caricatura bajo el título de “La Ilusión” los trabajadores utilizan a Perón para derribar la puerta del castillo – como metáfora- del orden capitalista. De esta manera, la clase obrera imaginada como blanca y europea da cuenta del carácter prescriptivo del partido. Al mismo tiempo en otras caricaturas de denuncia podemos distinguir rasgos europeos en los trabajadores que fueron sometidos a formas de persecución. [17]

Ahora bien, no sólo en la gráfica sino también en una importante cantidad de escritos de la prensa socialista encontramos caracterizaciones del fenómeno peronista y sus seguidores como manipulados y alienados bajo un líder demagogo, la cita en extenso de un texto de Nuevas Bases de Junio de 1951 resulta ilustrativa: “La gente se reúne debajo de los balcones de la Casa Rosada o en los salones presidenciales porque es llevada bajo control y reunidos para cumplir la apariencia de formular pedidos. Allí van porque los llevan, gobernadores sumisos, alzados o reticentes; diputados y senadores, los romeros del altar del poder; los obreros de la C.G.T., los periodistas de Alea, los artistas de la compinchería, todos, movidos como piezas de títeres, por la organización estatal de la propaganda.” [18]

Además de las denuncias contra las políticas del gobierno, el Partido Socialista generó toda una serie de imágenes estilizadas sobre como debería ser la clase trabajadora. En particular en las ediciones provenientes de Uruguay de La Vanguardia, encontramos un gran repertorio de ilustraciones que privilegiaban una visión clásica del trabajador -que encuentra su genealogía en las imágenes obreras de fines de siglo XIX y principios de siglo XX- a través de la figura masculina, en movimiento y con su pecho al descubierto. La Figura 2 es un ejemplo que da cuenta de la imagen del trabajador industrial a través de la idea de masculinidad en el torso, la expresión desafiante y el gran martillo. [19] La hiper-masculinización de la figura del obrero con el martillo era concomitante con la clásica iconografía socialista europea de fines de siglo XIX y que mostraba un rostro “blanco” de los trabajadores argentinos. [20] Esos rostros blancos remitían a aquellos tradicionales trabajadores que el partido imaginaba como descendientes de los inmigrantes de ultramar.

Otro de los elementos de crítica de los socialistas era -luego de la crisis de 1949- el fin de la bonanza económica y el alza de los precios. Así, ese problema era condensando menos en arquetipos sentimentales de masas rurales en malas condiciones; que en las clases urbanas a través de figuras femeninas blancas y de clase media que son representadas en el momento de hacer las compras de alimentos. En ese sentido, en una ilustración de Nuevas Bases de Mayo de 1951 es posible observar a una mujer asombrada ante el cambio de precios que realiza un carnicero. Otra caricatura de Tristán denominada “Artículo de Lujo” vuelve a mostrar a un ama de casa de clase media ante la vidriera de un negocio con la leyenda “Joyería”, donde se exhibe una gran bolsa que dice “papas.” Por último, otro ejemplo de formas de encarnar críticas a los problemas económicos a través de un rol tradicional de género es una representación en Nuevas Bases de una mujer que observa los precios de diversos alimentos en cajas llenas –claro signo del poco consumo- bajo la leyenda “Quien Pudiera.” [21]

El reportorio de imágenes de una clase obrera -idealizada en la imaginación de los socialistas- contenía una estética donde primaba una imagen hipermasculina y con rasgos europeos del trabajador industrial urbano. La apelación a la figura tradicional de género -encarnada en la mujer abocada al consumo en aéreas urbanas- era el vehículo para denunciar la situación económica posterior a 1949. Ambas imágenes representaban estereotipos e idealizaciones prescriptivas, las mismas iban a coexistir en tensión con otras figuras que buscaban interpelar a las bases trabajadores. Esas otras representaciones mostrarían las facciones de esos rostros y las tonalidades de su piel buscando mostrar un universo regional más complejo y heterogéneo.

Los colores de los rostros de los trabajadores argentinos

Una edición de La Vanguardia de 1951 contiene diferentes formas de representaciones, donde la tradición selectiva del partido reproducía una estética que remitía, a través de un grabado de la artista alemana Käte Kollwitz (1867-1945), a una configuración visual más compleja de los trabajadores (Figura 4). [22] Lejos de las caricaturas de Tristán, ahora tenemos obreros con rostros, matices de sombras, como puede observarse en el personaje central, que remiten a una más compleja interpelación sobre los distintos trabajadores. El extracto de un texto de Esteban Echeverría acompañaba el grabado: “El triunfo de la Revolución es para nosotros el triunfo de la idea nueva y progresiva: es el triunfo de la causa santa de la libertad del hombre y del pueblo.” El grabado reproducido mostraba a obreros en movimiento, sus bocas abiertas, quizás lanzando consignas y la figura de un niño en el centro de la economía visual.

Ahora bien, además de esta representación, otro grabado (Figura 3) firmado por el artista Clément Moreau (1903-1988), llamado “Acción” da cuenta de una visión de los trabajadores donde los mismos tienen perfiles más complejos e individualizados. [23] Un texto de Juan B. Justo acompañaba la obra de Moreau: “Para todos sus movimientos son indispensables al pueblo obrero las libertades elementales de reunión, de asociación de prensa, libertades coartadas por los gobiernos burgueses cuando el proletariado comienza a hacer uso de ellas en la moderna lucha de clases.” Una vez más se repite el tópico de la protesta y la noción de cuerpos que expresan fuerza y descontento. Una posible interpretación sobre la estética de los rostros da cuenta de arquetipos étnicos que van más allá de tradicionales figuras binarias (blancos europeos contra migrantes del interior obscuros) para pensar femémonos propios de mestizaje cultural. Esa mayor complejidad en la forma de representación de los trabajadores da cuenta de las tensiones en las formas de graficar e imaginar los diferentes universos regionales de los mismos y la posibilidad de interpelar a una base obrera mayor.

Esa apelación a los trabajadores se daba en un contexto de tensiones y enfrentamientos con el peronismo. Así, Nuevas Bases desplegó referencias a los conflictos obreros como fue la huelga ferroviaria de 1951. De esta manera, se crearon formas críticas a través de sátiras sobre la reacción del gobierno ante la huelga. Un ejemplo de esto puede verse en una caricatura de Marzo de 1951 que señalaba “Créame, don creso: el carbón será bueno, pero para nuestros trenes no hay como la leña”. La sátira jugaba con el lenguaje popular de “dar leña” (castigar) aludiendo a aquello que los socialistas consideraban como formas de autoritarismo contra los trabajadores. [24] El partido también denunciaba constantemente las formas de persecución contra sus militantes.

El segundo gobierno de Perón estuvo marcado por un espiral de conflicto cada vez más intenso. Los socialistas formaron parte de aquellos sectores que de forma más extrema confrontaron al justicialismo. Desde las mencionadas huelgas hasta formas de intervención directa más violentas conformaron el repertorio de acciones del partido. En ese sentido, en 1953 tras los atentados durante una manifestación justicialista, los partidarios de Perón se lanzaron a un ataque contra los que se consideraban los artífices del mismo. De este modo el tradicional Jockey Club fue embestido y también la sede de la UCR incendiada. [25] Sin embargo, el primer lugar saqueado e incendiado fue la Casa del Pueblo. [26] En un contexto político donde las antinomias se profundizaban las formas de representación estético-políticas iban tomando formas más confrontativas. Así, los socialistas generaron representaciones visuales extremas contra la figura de Perón. El Partido Socialista interpretaba los acontecimientos de violencia política del período bajo una suerte de psicologismo donde la problemática del país estaba condensada en Perón como “un neurótico peligroso que ha hecho de la violencia su Evangelio y proclamado el asesinato de sus adversarios como una virtud ciudadana.”(Figura 5). En la caricatura se sintetizan frases de Perón desde 1946 hasta 1955 contra sus adversarios políticos. Ahora bien, en las imágenes sobre cada hito de violencia la estética sobre los trabajadores vuelve a retomar la tradicional representación de los mismos a través de la figura del obrero industrial, masculino y de rasgos europeos y blanco. Es ese trabajador el que es imaginado como la víctima de la violencia política.

El año 1955 significó no sólo el derrocamiento -del que los socialistas fueron importantes protagonistas- de la comunidad organizada, sino también la emergencia de un largo período de inestabilidad política y social para el país. El PS no iba a escapar a un proceso que debe rastrearse desde un periodo anterior a 1945. Un largo agotamiento de sus vínculos con los trabajadores que –a pesar de los diversos intentos de interpelaros- iba a mostrar la cruda verdad de los límites del partido. Las diversas representaciones durante los años 1945-1955 no fueron meras líneas de fuga del partido hacia un pasado consolador o hacia un horizonte ficticio sino que intentaron elaborar otras formas de interpelación. Si bien las idealizaciones y las formas estilizadas estuvieron presentes en las maneras de mostrar a los trabajadores argentinos, coexistieron también de manera contradictoria formas sutiles y complejas de mostrar el diverso universo étnico y regional de los mismos.

A modo de conclusión

En el periodo que transcurre entre 1945 y 1955 las formas de representación de los trabajadores por parte de los socialistas abarcaron desde las caricaturas de Tristán donde, los líderes “totalitarios” sometían a los obreros, hasta formas gráficas de una diferente estética a través de grabados. En el contexto de la denominada comunidad organizada el Partido Socialista creó un universo visual que criticó al peronismo llevando a que su órgano de difusión fuese clausurado en 1947. Si gran parte de la historiografía analizó el conflicto que generaron esas caricaturas, en particular en sus sátiras contra Perón y Evita, y las figuras de los trabajadores como autómatas creados también por Tristán, otras aéreas de análisis quedaron rezagadas por la producción académica.

Así, el poco explorado tópico de las relaciones entre la dimensión étnica y regional que abordó este artículo da cuenta de formas estéticas clásicas -propias de la Segunda Internacional- para representar a lo que ellos consideraban “los verdaderos obreros,” hasta maneras más complejas e hibridas de los “rostros” de los trabajadores. Si bien el partido tuvo una caracterización de las masas peronistas bajo términos como “murga” para las jornadas del 17 de Octubre de 1945, remitiendo a una formación cultural no-blanca, existieron matices al binomio “obreros blancos” contra “migrantes del interior obscuros” en los grabados reproducidos en las ediciones socialistas posteriores. Si bien tendió a prevalecer la primera formula en las ilustraciones del partido sobre los trabajadores, es importante mostrar la complejidad y a veces contradictoria manifestación de estas representaciones invisibilizadas en la Argentina del “crisol de razas” y atravesada por antinomias políticas. La coexistencia de esas contradicciones en las representaciones socialistas eran sintomáticas de un fenómeno más profundo del propio partido, como bien señaló Carlos Herrera: “la crisis que vivió el socialismo bajo el peronismo estaba marcada por un agotamiento que precedía a ese momento, y que atañe a un modelo de acción política que se revelaba inadaptado para las evoluciones que estaba viviendo el país, y muy particularmente, la clase obrera, cuya presencia aumentaba tendencialmente.” (Herrera, 2016). Es en el marco de esta crisis donde debe analizarse cómo la compleja representación de los socialistas contenía -en tensión- tanto la homogenización del “color” y la procedencia regional imaginada de la clase obrera, como la compleja e híbrida heterogeneidad de los rostros de los trabajadores argentinos. Ello hacia que las imágenes de las publicaciones socialistas oscilasen entre la condena, idealización e interpelación de los obreros. A mediados de siglo XX los trabajadores estaban en el centro de la escena política, sin embargo su relación con el antiguo partido se había transformado, profundizando un largo agotamiento previo. Ya no iba a ser suficiente la apelación a los heterogéneos colores étnicos y regionales de los trabajadores por parte de los socialistas. Las imágenes sobre esa clase obrera luego de 1955 abre nuevos desafíos para investigar las relaciones entre la dimensión étnica y regional de los trabajadores.

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ANEXO.

Ilustraciones


Figura 1 .“Ilusión y Realidad.” La Vanguardia, Figura 2. “En el cuarto año de la Ignominia.” 16 Diciembre 1947. La Vanguardia, 1951.

Figura 3. La Vanguardia, 1951 Figura 4. La Vanguardia, 1951, grabado

de Käte Kollwitz.

Figura 5. “Argentina Esta a Merced de un Neurótico Peligroso que ha Hecho de la Violencia su Evangelio y del Crimen Virtud Cívica.” La Vanguardia, 8 de Septiembre 1955.

Cita sugerida :

Artinian, J. (2018). Candombe Blanco: El Partido Socialista y las representaciones étnicas y regionales de los trabajadores durante el peronismo (1945-1955). C oordenadas. Revista de Historia Local y Regional (5) 2, 70-88.



* Doctor y Máster en Historia por la Universidad Estatal de Nueva York. Egresó como Profesor de Historia de la Universidad de Buenos Aires con diploma de honor en el año 2005. En 2006 ganó una beca para realizar su doctorado en Nueva York donde residió durante cuatro años. Su tesis doctoral estudió las relaciones entre política y cultura visual en Argentina entre 1950 y 1966. Ha publicado artículos académicos sobre historia argentina y un libro sobre el Genocidio Armenio. Ha cursado un seminario sobre Genocidios en la Universidad de Toronto y brinda conferencias sobre genocidios en diferentes universidades. Actualmente dicta clases de grado en la Universidad Di Tella, en la Universidad de Buenos Aires y de posgrado en diferentes universidades. Es becario pos-doctoral del CONICET.

[1] “Candombe Blanco” La Vanguardia, 23 de Octubre de 1945, p.4.

[2] Para una historia de larga duración sobre el PS consúltese, Camarero y Herrera (2005).

[3] Para un estudio sobre las relaciones entre formas de representación étnicas y regionales en un período anterior al del peronismo consúltese, Chamosa (2008).

[4] Para una crítica a la idea de “Crisol de Razas” véase Tato (2007) y Caggiano (2005).

[5] En ese sentido, la crítica de Grimson (2017) apunta a las nociones clásicas de Gino Germani de una “nueva clase obrera” (proveniente del interior) como único componente étnico-regional que seguía al peronismo. Por el contrario el autor rastrea un complejo entramado de diversos orígenes étnicos que incluyen desde migrantes internos a porteños descendientes de europeos.

[6] Para los primeros momentos en la difusión de ideas socialistas Tarcus (2007).

[7] Seudónimo del dibujante José Antonio Ginzo (1900-1969).

[8] Ezequiel Adamosvky (2016) en diferentes trabajos ha analizado los límites del discurso inclusivo de la noción de lo blanco en Argentina. Para un análisis sobre la articulación entre Raza y Clase en el discurso visual peronistas. Para una visión general de la cultura visual peronista y anti-peronista del período consúltese Artinian (2013).

[9] Está última cuestión es discutida por Milanesio (2010, pp. 53-84).

[10] Uno de los trabajos pioneros sobre esta cuestión fue el de Ratier (1971).

[11] Dickmann (1919/1928: 92).” citado en Tarcus (2007, p. 308).

[12] Una visión general de la problemática política y sus articulaciones raciales se encuentra en Elena (2016, pp. 184-212).

[13] La idea de espacio regional como imaginado remite a la noción que Benedict Anderson (1993) elaboró para interpretar el fenómeno de la nación.

[14] El relato está protagonizado por un abogado porteño de clase media que en un pasaje describe a los sectores no-blancos de la ciudad: “Me parece bueno decir aquí que yo iba a esa milonga por los monstruos, y que no sé de otra donde se den tantos juntos. Asoman con las once de la noche, bajan de regiones vagas de la ciudad, pausados y seguros de uno o de a dos, las mujeres casi enanas y achinadas, los tipos como javaneses o mocovíes, apretados en trajes a cuadros o negros, el pelo duro peinado con fatiga” (…) “el polvo en la cara de todas ellas, una costra blancuzca y detrás las placas pardas trasluciendo. También se oxigenan, las negras levantan mazorcas rígidas sobre la tierra espesa de la cara, hasta se estudian gestos de rubia, vestidos verdes, se convencen de su transformación y desdeñan condescendientes a las otras que defienden su color.” (Cortázar, 1995, pp.117, 118).

[15] Nuevas Bases, 30 de Septiembre de 1950. La narrativa maestra que ponía las antinomias políticas bajo el prisma sarmientino estuvo presente en los años intensos de antinomias entre peronistas y anti-peronistas. Para más detalles, Svampa (2006).

[16] Nuevas Bases , Julio 15 de 1951.

[17] “1951 año del sindicalismo obreros presos en la cárcel de Villa Devoto.” Nuevas Bases 15 de Mayo de 1951 También la caricatura de un obrero con un candando muestra estas denuncias de persecución en Nuevas Bases, “Fraternidad, pero poca.” Marzo 1955. Es importante señalar siguiendo el artículo de Herrera que los socialistas crearon en la figura de “Juan del Riel” el arquetipo de la clase obrera combativa que está encarcelada tras el conflicto ferroviario. Herrera (2016, p. 356).

[18] “Conciencia de la Unidad en La Argentina Seccionada” Nuevas Bases, 15 de Junio de 1951.

[19] Sobre la problemática de género puede consultarse el trabajo clásico de Scott (1986).

[20] Para un análisis de la iconografía socialista consúltese Hobsbawm (1978). Para una perspectiva crítica del trabajo de Hobsbawm véase Bonnell (1997, pp. 21-46).

[21] Nuevas Bases , 1 de Mayo de 1951, Septiembre de 1952, 15 de Diciembre de 1952 y Junio de 1954.

[22] Sobre el concepto de tradición selectiva consúltese, Williams (1980).

[23] La vida del artista nacido en Alemania, como Carl Josef Meffet se repartió entre su país de origen, Suiza y Argentina donde vivió entre 1935 y 1961. La producción de ilustraciones, caricaturas y grabados del artista fue prolífica: contribuyó en las páginas de Argentina Libre, Crítica y La Vanguardia entre otros. Moreau elaboró una particular estética y plasmó en sus obras las diferencias étnicas de la población trabajadora. Para más detalles consúltese, Zeller (2009).

[24] Nuevas Bases , Marzo de 1951. Para el contexto de la huelga ferroviaria de 1951 ver Doyon (2006. p. 312).

[25] El propio Perón había intentado crear una división entre los socialistas a través del denominado Partido Socialista de la Revolución Nacional, con la figura del ex-partidario Enrique Dickmann.

[26] Agradezco a Carlos Herrera por comunicarme sobre el hecho que la sede de los socialistas fue el primer lugar atacado durante los sucesos de 1953.

Candombe Blanco: El Partido Socialista y las representaciones étnicas y regionales de los trabajadores durante el peronismo (1945-1955) - Archivo PPCT

Candombe Blanco: El Partido Socialista y las representaciones étnicas y regionales de los trabajadores durante el peronismo (1945-1955)

Creators:Artinian, Juan Pablo; Instituto Interdisciplinario de Estudios e Investigación de América Latina (INDEAL). Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas/ Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Bueno Aires).

Universidad Torcuato Di Tella. Departamento de Estudios Históricos y Sociales

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En este artículo se explorarán las formas de representación sobre los trabajadores por parte del Partido Socialista analizando también la dimensión étnica y regional de las mismas durante el período 1945-1955. Así se rastrearán el repertorio de ilustraciones que remiten a una iconografía de principios de siglo XX, a través del arquetipo de la figura masculina y de rasgos europeos y las críticas de los que se consideraban como trabajadores “alienados.†También se analizarán formas complejas e híbridas en la gráfica sobre los “rostros†de los trabajadores que remitían a un complejo universo regional.  En este trabajo quiero alejarme de narrativas que simplifican las representaciones del PS sobre los trabajadores. Por el contrario, sostendré que el PS elaboró representaciones que coexistieron de forma contradictoria. Estas representaciones complejas que contenían en tensión la homogenización del “color†de la clase obrera, remitían a un fenómeno más profundo: la crisis de la relación entre el PS y los trabajadores y las oscilaciones entre condena, idealización e interpelación de los obreros durante el peronismo.

Metadatos destacados

Colecciones
Coordenadas. Revista de Historia Local y Regional

Editor

Grupo de Investigación y Extensión en Historia Regional

Fuente

Coordenadas. Revista de Historia Local y Regional; Vol 5, No 2 (2018): COORDENADAS. Revista de Historia Local y Regional; 90-108

Citación

Artinian, Juan Pablo; Instituto Interdisciplinario de Estudios e Investigación de América Latina (INDEAL). Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas/ Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Bueno Aires). Universidad Torcuato Di Tella. Departamento de Estudios Históricos y Sociales, “Candombe Blanco: El Partido Socialista y las representaciones étnicas y regionales de los trabajadores durante el peronismo (1945-1955),” Archivo PPCT, consulta 2 de abril de 2026, http://archivoppct.caicyt.gov.ar/items/show/4143.

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Autor

Artinian, Juan Pablo; Instituto Interdisciplinario de Estudios e Investigación de América Latina (INDEAL). Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas/ Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Bueno Aires).

Universidad Torcuato Di Tella. Departamento de Estudios Históricos y Sociales

Fuente

Coordenadas. Revista de Historia Local y Regional; Vol 5, No 2 (2018): COORDENADAS. Revista de Historia Local y Regional; 90-108

Editor

Grupo de Investigación y Extensión en Historia Regional

Fecha

2018-07-10

Colaborador

Conicet

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1. Los autores conservan los derechos de autor y garantizan a la revista el derecho de ser la primera publicación del trabajo al igual que licenciado bajo una licencia Creative Commons que permite a otros compartir el trabajo con un reconocimiento de la autoría del trabajo y la publicación inicial en esta revista.2. Los autores pueden establecer por separado acuerdos adicionales para la distribución no exclusiva de la versión de la obra publicada en la revista (por ejemplo, situarlo en un repositorio institucional o publicarlo en un libro), con un reconocimiento de su publicación inicial en esta revista.3. Se permite y se anima a los autores a difundir sus trabajos electrónicamente (por ejemplo, en repositorios institucionales o en su propio sitio web) antes y durante el proceso de envío, ya que puede dar lugar a intercambios productivos, así como a una citación más temprana y mayor de los trabajos publicados (Véase The Effect of Open Access) (en inglés).4. Coordenadas. Revista de Historia local y regional no cobra a los autores ninguna cuota de publicación.

Idioma

spa

Tipo

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Cobertura

Buenos Aires
1945-1955
Representaciones visuales