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RASAL © - Revista de la Sociedad Argentina de Estudios Lingüísticos - 2020: 95-110
LUCÍA BERNARDI
[...]. En toda la extensión territorial de Argentina es común el uso de ‘¡qué macana!’, a modo
de lamentación por alguna contrariedad [...]. Otra construcción, difundida en varios países
americanos [...] es ‘¡qué plato!’, que pone de manifiesto un sentimiento de alegría y jocosidad
ante algo que le ha resultado divertido o por lo menos absurdo. Rojas (1981:64-66)
Se puede percibir en el fragmento citado que no todas las expresiones se encuentran en el
mismo nivel de gramaticalización. Varias de ellas conservan sus significados conceptuales y,
en realidad, las emociones que vehiculizan ya están presentes en sus usos como sustantivos,
por ejemplo, “miedo”, “horror”, etc. Incluso “plato” registra, en el Diccionario de la Lengua
Española (DRAE 2014), la acepción de “situación o persona jocosa, alegre o festiva”.
Asimismo, “plato” se puede realizar en contextos tales como “es un plato”, donde se emplea
esta forma en su calidad de sustantivo. Más allá de que las expresiones “¡qué barbaridad!”,
“¡qué macana!” están consignadas en el DRAE bajo las etiquetas de locuciones interjectivas,
también soportan las combinaciones “es una barbaridad”, “es una macana”. Además, se
pueden negar, esto es, el interlocutor tiene la posibilidad de disentir y responder “no, no es
una macana”. Esto no se habilita con las interjecciones, es decir, un hablante de español no
emitiría los siguientes enunciados “*no ¡puf!”, “*no ¡ojito!”, ya que al no poseer significados
conceptuales no se los puede someter a determinar sus valores de verdad o falsedad, como
sí ocurre con los sustantivos de las exclamativas –cu. De todos modos, no todas estas
expresiones se comportan de idéntica manera. Habrá una gradación dependiendo de la mayor
o menor retención de rasgos semánticos de sus conceptos de origen.
En estudios más actuales (Alonso-Cortés 1999; López Bobo 2002), se establece que,
si bien las interjecciones comparten rasgos con las cadenas exclamativas, no son idénticas.
En estos trabajos, uno de los aspectos que se señalan como decisivos y peculiares de los
elementos interjectivos es que no poseen un significado conceptual:
En suma, aunque enunciados exclamativos e interjectivos comparten numerosos rasgos,
existen diferencias semánticas, funcionales y formales derivadas del carácter inconceptual
de la interjección, que exigen renunciar a cualquier tentativa de identificar ambos tipos de
enunciado. (López Bobo 2002: 48)
Así, la distinción entre las cadenas exclamativas y las interjecciones se centra
fundamentalmente en la potencialidad de duda, negación o reafirmación que poseen las
primeras y no las segundas.
Por su parte, Alonso-Cortés (1999) hace notar el valor ponderativo de las palabras -cu
en este tipo de estructuras exclamativas y postula que las interjecciones se caracterizan por
su función ilocutiva, presentándola como una propiedad de estos elementos. Por lo tanto,
de estas observaciones se podría desprender que en las exclamativas –cu, quienes portan
el peso de la ilocución son las unidades –cu junto con la curva melódica de la entonación
exclamativa, pero no necesariamente el sustantivo que las acompaña. Esta particularidad
tiene una pregnancia (en el sentido de impacto perceptivo) en el receptor que lo lleva a
asimilarlas con los enunciados interjectivos, quedando de fondo el contenido conceptual de
los elementos que conforman la estructura exclamativa en su totalidad.